La justicia y las líneas de vida digitales

La justicia y las líneas de vida digitales

DESDE LO REGIONAL

Raul Arroyo
Mayo 18, 2026

El 17 de mayo fue designado por la Organización de las Naciones Unidas Día Mundial de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información. En este año, hace un llamado a los gobiernos, la industria y las comunidades a fortalecer esas infraestructuras vitales en donde el mundo sostiene su funcionamiento. 

La convocatoria es a demandar el diseño de redes y sistemas “capaces de resistir las perturbaciones y recuperarse con rapidez, garantizando que nadie quede desconectado ni fuera de línea en los momentos de mayor importancia.

Es, dice la ONU,  una celebración para resaltar el papel “cada vez más relevante de las tecnologías digitales en nuestras vidas;  a través de la campaña ¿Y si…? “explora los sistemas digitales que, de manera discreta, sustentan la vida cotidiana, así como lo que se requiere para mantenerlos sólidos, seguros y fiables”. 

Tiene tres objetivos: estimular la reflexión y el intercambio de ideas sobre el tema elegido por el Consejo de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, debatir sobre los diversos aspectos del tema con todos los miembros de la sociedad, y elaborar un informe que recoja las deliberaciones nacionales sobre los diferentes aspectos del tema.

La premisa de la conmemoración en 2026 es: Todos los días, los sistemas digitales invisibles ayudan a mantener el mundo en funcionamiento. Propone tres supuestos: si un simple mensaje en tu teléfono pudiera salvarte la vida, si todas las personas tuvieran las habilidades para mantener los sistemas digitales en funcionamiento, y si todas las personas tuvieran acceso a una infraestructura digital resistente. 

Y lanza la pregunta ¿qué pasaría si…? en ocho aspectos:  las señales de navegación permanecieran fuertes y confiables durante generaciones, siempre se recibieran señales de socorro en el  mar, nadie perdiera la conexión cuando tuvo  necesidad de huir por el desplazamiento de su comunidad, el uso digital no aumentara nuestra huella ambiental, el tráfico de datos global a través de los océanos nunca se interrumpiera, la Inteligencia Artificial  ayudara a mejorar la preparación para desastres, todas la redes digitales fueran confiables y seguras, la conectividad llegara a todas las personas, en todas partes.

A la última cuestión, ¿Qué pasaría si la conectividad llegara a todas las personas, en todas partes?, ofrece un dato: actualmente 2 200 millones siguen desconectadas. Según proyecciones posteriores al censo de 2020, la población mexicana se acerca a los 140 millones. De las cifras reportadas por el INEGI, resultado de la Encuesta Nacional de Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares, y de los Censos Económicos, ambos de 2024, la población usuaria de Internet alcanza los 100 millones de personas. Se infiere un faltante de 40 millones en el uso de esa herramienta, con todas las limitantes consecuentes.  

En ese contexto, centro el tema en el espacio de la impartición de justicia, donde hoy por hoy la atención y el interés van por otros carriles a ritmo atropellado. Para no perder objetividad e ir a lo importante, recurro a Mauro Barberis, genovés, profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Trieste y su visión en torno a la División de poderes – Separación la llama él – en ese proceso de digitalización acelerado por la pandemia, “aterrizado”  en el mundo legal con la justicia digital. (Separación de poderes y justicia digital, Palestra, Madrid, 2024)

Barberis se pregunta si la digitalización puede contribuir a resolver los problemas de justicia y en qué medida; establece las funciones auxiliar y sustitutiva del modelo, aborda la posibilidad de utilizar esta última, haciendo de la persona juzgadora un ente cuya funcionamiento es a partir del aprendizaje automático de datos compuestos por decisiones judiciales pasadas;  imparcial, pues a una máquina no se le puede acusar de parcialidad; pero sobre todo predecible, y por lo mismo más segura en comparación con la puramente humana.

Finalmente, observa su legitimidad constitucional.  En esa discusión la centralidad está en la IA, y el debate alrededor de una impartición de justicia no necesariamente resultado del razonamiento humano.

Para una reflexión seria, fundada en normas jurídicas y el Principio de Humanidad,  Barberis deja hacia el final de su libro el análisis de la relación persona humana – máquina, prisma muy oportuna si de las líneas de vida digitales nos ocupamos.         

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mho

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