La soberanía en el Summer Davos

La soberanía en el Summer Davos

DESDE LO REGIONAL

Raul Arroyo
Junio 29, 2026

En Dalián, a orillas del mar Amarillo, cerró la décimo séptima Reunión Anual de los Nuevos Campeones, el llamado Summer Davos, foro estival del Foro Económico Mundial. La semana anterior congregó a más de mil setecientos asistentes de noventa países, convocados bajo un lema ambicioso: innovar a escala.

El premier chino Li Qiang abrió la sesión plenaria con una inversión retórica: el temido “China Shock 2.0” debía leerse, dijo, como “China Opportunity 2.0”. Tras el juego de palabras asomaba un programa, ordenado en cinco preguntas: comercio en mutación, el próximo capítulo de la economía china,  tecnología puesta al servicio de la economía real,  empleos para la siguiente generación y transición energética como fuente de competitividad.

Bajo esa agenda de crecimiento latía, sin embargo, otra discusión, menos publicitada y más honda: la soberanía. No la clásica de los tratados, sino una versión innovadora, nacida al calor de la inteligencia artificial.

Las delegaciones de las economías emergentes instalaron en la mesa el concepto de soberanía de la IA. Su tesis es simple y punzante: ningún país en desarrollo innovará a escala mientras permanezca como mero consumidor de modelos de lenguaje ajenos. De ahí sus reclamos: centros de datos regionales de acceso público, modelos fundacionales entrenados con datos locales, reflejo de la diversidad cultural y lingüística del Sur global, y mecanismos de transferencia tecnológica capaces de frenar el control monopólico de las grandes tecnológicas occidentales.

China, anfitriona, añadió la otra cara de la moneda. Subrayó el respeto a la soberanía nacional, la integridad territorial inviolable y la no injerencia en los asuntos internos, a su juicio “la línea de fondo más básica de la justicia internacional”. En el mismo foro se habló, con crudeza, de las guerras no convencionales: la informática y la de la información, visibles ya en los conflictos recientes.

Malasia, por su parte, anunció un marco de embajadas digitales para habilitar una infraestructura de IA transfronteriza y confiable. La soberanía del siglo XXI ya no se juega solo en las fronteras físicas, también en los servidores, los datos y los algoritmos. Resuena ahí el viejo Tucídides, citado meses atrás en este espacio: los fuertes hacen lo posible y los débiles sufren lo debido.

Dos soberanías dialogaban en Dalián sin nombrarse del todo: la territorial, defendida por las grandes potencias, y la digital, anhelada por las naciones llegadas tarde al banquete tecnológico. Ambas comparten una intuición: la autonomía real exige capacidades propias, no meras proclamas.

La resonancia para México es inevitable. Nuestra economía, atada por geografía y por tratado al vecino del norte, vive la tensión entre atraer capital e inteligencia foránea y preservar el control sobre sus datos, su energía y sus decisiones. El relevo industrial —el celebrado nearshoring— promete empleos y cadenas de valor; exige, a cambio, una política pública con visión de Estado, no de coyuntura electoral. Sin soberanía tecnológica propia, el país arriesga repetir, en versión digital, la vieja dependencia de las materias primas: maquilar inteligencia ajena sin apropiarse de su núcleo. La soberanía, conviene recordarlo, no se decreta: se edifica con instituciones sólidas, inversión sostenida y talento formado en casa.

Dalián dejó, entre tanta euforia innovadora, una lección discreta: innovar a escala sin soberanía es crecer prestado. Las naciones medias y emergentes lo intuyen; de su capacidad para construir fuerza propia —en sus instituciones, su tecnología y su talento— dependerá su lugar. En la mesa o, como ya se advirtió desde otra cumbre, en el menú.

Te recomendamos: Futbol y Derecho

 Valeria Moy, refiere el Índice de gobernanza de IA en nuestro país de 35 puntos menor al del promedio regional latinoamericano, y su mercado podría pasar de 450 millones de dólares en 2025 a más de 65 mil millones en 2030. La pregunta – dice la directora del Instituto Mexicano para la Competitividad – no es si eso ocurrirá, es si vamos a participar en él como actor o como mercado de otro. (El País, 27/VI/26).

El reto de la IA no solo compete al Estado nacional, las entidades federativas deben apurar a inscribirlo y gestionarlo en sus respectivas agendas públicas, no por moda, por sobrevivencia.  La soberanía constitucional entendida en sus planos federal y estadual, ya tiene otras dimensiones y más conviene aceptarlo; requiere una mirada mucho más amplia, ignorarlo es abonar a una independencia atrapada en el papel.

Sigue nuestro CANAL ¡La Jornada Hidalgo está en WhatsApp! Únete y recibe la información más relevante del día en tu dispositivo móvil.

mho

Banner Entretenimiento