Los retos en el marco del Día Mundial del Agua

Horizontes de la razón

El pasado 22 de marzo se conmemoró el Día Mundial del Agua, una fecha que sirve como marco de referencia para que en instituciones educativas y gubernamentales se reflexione acerca de los patrones de consumo y aprovechamiento del vital líquido que, después del tiempo, es el recurso finito por excelencia.

En esta ocasión, escribo de este tema desde tres perspectivas. La primera, el ámbito individual; la segunda, el ámbito de infraestructura y la tercera, el asunto de la coordinación necesaria para llegar a soluciones óptimas. Cualquier esfuerzo desde la esfera pública que no tenga eco en el ámbito privado para regar las plantas con agua reciclada, cerrar el flujo de agua de la llave al lavar los trastes, tomar la ducha, lavar los autos con cubeta o colocar un pequeño vaso en la caja de agua del sanitario para evitar grandes descargas; son micro decisiones que, en su conjunto, pueden ayudar a prepararnos para una mayor capacidad de resiliencia futura como humanidad.

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Empero, estas acciones quedarían neutralizadas si los gobiernos no tomaran cartas en el asunto acerca de: evitar fugas en las redes de agua potable, operar plantas de tratamiento de aguas residuales para su posterior aprovechamiento o crear pozos de infiltración y cosechas de lluvia para coadyuvar a la recarga de los mantos acuíferos. Lamentablemente, en nuestra entidad, la inversión pública en construcción y mantenimiento de este tipo de infraestructura ha sido históricamente escasa y fragmentada.

A lo anterior habría que agregar que la gestión del recurso hídrico es uno de esos asuntos en los que no se respetan fronteras; es decir que los mantos acuíferos, los ríos, lagunas y cuencas con frecuencia forman parte de las demarcaciones territoriales de dos o más ejidos, municipios o incluso, entidades federativas, lo que hace necesaria la coordinación de distintos ámbitos y niveles de gobierno para una gestión efectiva.

Sobre este último punto, vale la pena mencionar que existe la necesidad de crear nuevos mecanismos de coordinación urgente y efectiva para la gestión del agua en la Zona Metropolitana que refuercen las necesidades de quienes la habitamos. A manera de ejemplo, en la Zona Metropolitana más grande del país, existe un mecanismo de esta naturaleza pero en materia de contaminación ambiental, la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMAE), la cual, por cierto, tiene una naturaleza más técnica que gubernamental.

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Algo similar sucede en algunas zonas de nuestra entidad en las que los municipios enfrentan la dificultad de verse obligados por ley a brindar el servicio de agua potable, pero en su lugar existe un organismo regional encargado de diagnosticar, planear, administrar y brindar mantenimiento a la infraestructura que dota dicho servicio.

Los retos son mayúsculos y como ciudadana hidalguense, celebro que en el gobierno estatal encabezado por el Lic. Julio Menchaca Salazar, el reto del balance hídrico y el cuidado del agua haya sido puesto en primer orden de importancia dentro de la agenda pública y gubernamental.

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