¿Una tierra sin humanos?

El camino y el caminante



El título de este artículo me parece pertinente: ¿podrá nuestra especie, el homo sapiens, sobrevivir en este planeta, al que estamos agotando y destruyendo a una velocidad impresionante? Muchos científicos son pesimistas al opinar al respecto, pues los humanos hemos demostrado una y otra vez nuestra capacidad de autodestrucción. 

Hace aproximadamente 4,500 millones de años se formó el planeta tierra, 700 millones de años después aparecieron los primeros organismos vivos. La ciencia calcula que hace apenas 2.5 millones de años surgió, por evolución, el primer género Homo, en un rincón de África. La aparición de nuestra especie, sucedió hace poco menos de 200,000 años; en términos metafóricos podemos decir que somos los recién llegados, que nuestra presencia se limita a unos cuantos segundos del tiempo universal.  

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Nuestros ancestros, en ese tiempo mínimo de existencia con respecto a la edad del planeta, fueron demostrando su gran capacidad para adaptarse y transformar la naturaleza. Ya en tiempos más recientes, cuando se fue extendiendo el proceso de sedentarización, su relación con el medio ambiente se fue dando en términos relativamente amistosos: los recientes doce mil años, la tierra nos brindó un clima estable que favoreció la expansión del ser humano. A este período, los geólogos le llaman Holoceno, sin embargo, esta tregua se modificó severamente en los años sesentas del siglo pasado, cuando los humanos, borrachos de soberbia, decidimos que somos el centro de todo lo que existe en el mundo y en consecuencia con esa creencia iniciamos lo que se llama la época del Antropoceno, que se caracteriza por nuestra total falta de respeto a la naturaleza y en consecuencia una explotación irracional de la misma. Hoy, estamos al borde de una catástrofe ecológica que pone en serio peligro la existencia humana, no en unos cuantos años, pero sí en algunas décadas. 

Los estudios científicos nos ponen en alerta, demuestran una y otra vez que nuestro estilo de vida actual es imposible de sostener por mucho tiempo. Hemos acabado con el 90 % de los arrecifes, deforestamos millones de hectáreas cada año, desaparecimos miles de especies animales, contaminamos la tierra y el agua permanentemente, emitimos una cantidad de gases de efecto invernadero que el planeta no puede procesar. Acciones como las mencionadas han alterado de forma tan violenta la naturaleza que cada día que pasa se hace más inviable la vida humana. 

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Gracias a la divulgación científica hoy casi todos conocemos el concepto de “cambio climático” aunque la mayoría lo vemos como algo lejano y alarmista. De pronto nos asusta la frecuencia y fuerza de los huracanes, de los ciclones, el aumento de la temperatura, las tormentas repentinas con sus respectivas inundaciones y luego las largas temporadas de sequía. Escuchamos que se están derritiendo los polos, que aumenta el nivel del mar, que en diversos países se rompen los récords de calor, que las próximas guerras serán por el agua, pero lo vemos como si fuera una película de ficción, como si lo que sucede fuera totalmente ajeno a nuestra vida cotidiana. 

En el año 2015, casi todos los países del mundo firmaron lo que llamaron “el acuerdo de París”, un compromiso para detener el deterioro ambiental; se plantearon objetivos y acciones drásticas para garantizar que la vida humana siga siendo viable. Es prácticamente imposible que logremos revertir el daño que le hemos causado al planeta, pero si es posible detenerlo, atenuarlo, aunque nos lleve décadas hacerlo y en el camino tengamos que modificar drásticamente nuestro estilo de vida actual. Es un deber ético actuar inmediatamente para hacer viable la vida de las próximas generaciones. 

Mientras escribo estas líneas, en el Estado de Hidalgo, donde vivo, la región Tula- Tepeji está sufriendo los estragos de nuestra incapacidad para cuidad los ecosistemas, decenas de colonias estás inundadas, miles de personas han perdido la seguridad de sus hogares, se respira el miedo, la angustia, el terror ante lo que está pasando. Lamentablemente estos eventos se seguirán presentando una y otra vez en diferentes regiones: ¿aprenderemos a convivir sanamente con la naturaleza? Ojalá lo hagamos, bien sabemos que la tierra continuará su propio proceso de transformación con o sin nosotros.  

Natividad Castrejón

Mi profesión, la terapia y la educación; mi afición, la literatura; mi pasión, la política; me encanta el bosque y amo correr.

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