Recuperar lo que es de todos

Recuperar lo que es de todos

Hay una idea que parece sencilla, pero que vale la pena recordar: lo que es de todos también necesita que alguien lo cuide, lo defienda y lo haga valer.

Redacción
Agosto 13, 2026

Hay una idea que parece sencilla, pero que vale la pena recordar: lo que es de todos también necesita que alguien lo cuide, lo defienda y lo haga valer.

Durante años hemos visto cómo muchos espacios y servicios que deberían ser accesibles para cualquiera se deterioran, se restringen o terminan dependiendo de cuánto puede pagar cada persona. Parques descuidados, centros culturales con poca vida, espacios recreativos inaccesibles, servicios de cuidado insuficientes o lugares turísticos pensados más para quien puede gastar que para quienes viven ahí todos los días.

Y cuando eso ocurre, no todos pierden por igual.

Quien tiene recursos puede pagar un club, una escuela privada, una guardería, un espacio recreativo o cualquier otra alternativa. Quien no los tiene depende de lo público.

Por eso defender lo público también es defender la igualdad.

Un parque bien cuidado puede ser utilizado por cualquier familia. Una biblioteca, un centro cultural o una unidad deportiva pueden abrir oportunidades sin preguntar cuánto gana una persona. Una estancia para adultos mayores o un espacio de cuidado infantil pueden cambiar por completo la vida cotidiana de una familia.

Ahí está el verdadero valor de lo público: en crear lugares donde las diferencias económicas pesen un poco menos.

La desigualdad no solamente se mide en ingresos. También se nota en la calidad de la banqueta por la que caminamos, en la distancia que existe hasta el parque más cercano, en si una colonia tiene espacios para hacer deporte o cultura y en las posibilidades que tiene una familia para acceder a servicios de cuidado.

También existe desigualdad cuando unos pueden disfrutar plenamente de una ciudad y otros solamente sobrevivirla.

Recuperar lo público significa cambiar esa lógica.

Significa entender que un parque no es un adorno urbano y que una casa de día para adultos mayores no es un gasto prescindible. Que invertir en cultura, deporte, cuidados y espacios comunes también es invertir en salud, seguridad, convivencia y calidad de vida.

Incluso el turismo puede pensarse desde esta perspectiva. Un destino no debería funcionar únicamente para el visitante que llega a consumir, sino también para la comunidad que lo habita. Las plazas, los parques, los corredores y los espacios culturales tienen que seguir perteneciendo primero a la gente.

Creo que durante demasiado tiempo normalizamos que lo público fuera lo que quedaba después.

El parque que nadie mantiene. La cancha deteriorada. El centro cultural vacío. La banqueta ocupada. El espacio común convertido poco a poco en un privilegio.

Tenemos que cambiar esa idea.

Lo público debe ser lo mejor que podamos construir entre todos, precisamente porque es para todos.

Cuando una ciudad cuida sus espacios comunes, también fortalece sus comunidades. Las personas se encuentran, conviven, hacen deporte, descansan, juegan, cuidan a sus hijos y reconocen al otro como parte del mismo lugar.

Eso también construye seguridad y tejido social.

Recuperar lo público no significa regresar al pasado ni pensar que todo debe depender del gobierno. Significa algo mucho más básico: garantizar que existan espacios, servicios y oportunidades que ninguna persona pierda simplemente porque no puede pagarlos.

Porque una sociedad verdaderamente justa no es aquella donde algunos pueden comprar todo lo que necesitan.

Es aquella donde nadie tiene que comprar su derecho a vivir con dignidad.

Por Miguel Ángel Tello Vargas, Titular de la Unidad de Planeación y Prospectiva

crs

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