Lisboa si respeta y quiere a sus artistas

Lisboa si respeta y quiere a sus artistas

CIRCO SÓNICO

Juan Carlos Hidalgo
Abril 27, 2026

Apenas al salir del Aeropuerto de Portela en Lisboa y encaminarse al metro, a uno lo recibe un desfile de figuras en los muros que rinden homenaje a los más grandes artistas portugueses -sin distingo de sus disciplinas-; por supuesto, que muy pronto tuve delante a Fernando Pessoa y Antonio Lobo Antunes -de quien llevaba en mano la novela Hasta que las piedras se vuelvan más ligeras que el agua-, además de la legendaria fadista Amália Rodrigues -un icono en sí misma- y una lista bien larga.

Luego comienza el recorrido rumbo a la zona centro para quedar fascinado ante la decisión de contemplar como las estaciones del metro han sido decoradas por artistas plásticos contemporáneos a quienes se les pidió que siguieran haciendo grande la magnífica tradición de los azulejos -puedo citar a Oriente y Olivais como estupendas piezas gigantes-.

Y lo mejor es que muchos de los convidados recurren a expresiones que rondan al arte abstracto o el expresionismo… no se trata de figuraciones anacrónicas que parecieran emanadas de un mantel o un viejo cuadro… ¡cultura absolutamente viva y en tiempo presente!

Pero lo más sorprendente se concentra en que se incluyó en los muros de los pasillos de los andenes una gran variedad de poemas procedentes de diferentes temas y estilos; el pasajero acompaña su recorrido leyendo frases evocativas e inspiradas que aportan poesía al diario acontecer. ¡Ya lo dice el famoso fado: ¡“Una extraña forma de vida”!

Más tarde, uno tiene, obligadamente, que llegar hasta el café A Brasileira -uno de los que más frecuentó en vida Pessoa y en el que le dedican una escultura-, tan sólo para atestiguar que el nombre mismo del barrio está ligado a otro célebre escritor: António Ribeiro, poeta del siglo XVI al que llamaban “Chiado”, por la calle en la que vivía y que hoy cambió a Rua Garret, misma en la que se encuentra apenas a unos pasos la Librería Bertrand, la más antigua del mundo en activo. También muy cerca se halla la plaza dedicada a Camões, un escritor que sigue convertido en todo un hito intelectual luso, un referente.

No se trata de algo que ocurrió por los designios del azar, Lisboa -sin importar quien gobierne- tiene muy en claro que el arte y la cultura son dos bastiones con los que cuenta para impulsar la actividad turística y desde ahí a la economía. Y para reforzar mi argumento, debo señalar que en el Museo Nacional de Arte Contemporáneo do Chiado se exponen fundamentalmente piezas de artistas portugueses -que nutren la colección permanente- en alternancia con algunos artistas foráneos que alimentan un diálogo estético universal…. ¡un Museo Nacional en toda ley!

Un ejemplo perfecto de su vitalidad y claridad de ideas es la exposición A Oferta, creada por el portugués Jaime Welsh (nacido en 1994), que propone fotografías de gran formato que colocan a niños en espacios del Banco Nacional Ultramarino, la Rectoría de la Universidad de Lisboa y la Biblioteca Nacional de Portugal. Son piezas que rayan en lo pictórico e hiperrealista, también son construcciones de ficción que interpelan al espectador y producen una intensa sensación de misterio -muy al estilo del cineasta David Lynch-… el pasado al servicio de una reinterpretación increpante.

Para rematar con esa abrumadora sensación de que en Lisboa se quiere y se respeta -y mucho- a sus artistas, expongo que en las tiendas de vinilos -con Louie Louie por delante- se hacen apartados especiales para los artistas de fado y también para el resto de artistas locales -en cualquier género-; es así como pude ver la edición en vinilo de la recopilación de Antonio Variações, una leyenda del undergound que falleciera en 1984, además de encontrar buena parte de la discografía de Branko, quien fuera parte de Buraka Som Sistema y conduce los pasos del sello Enchufada, contribuyente clave de la vanguardia musical no sólo portuguesa, sino internacional.

Se sabe de lo abrumador de la arquitectura de Lisboa, más la magia del Río Tajo y el resto del paisaje… ello se tiene por descontado, pero no es frecuente hallar a una ciudad que desborde tanta y evidente pasión y pleitesía por sus artistas… un hallazgo inolvidable.

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mho

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