Sin Protocolo

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La IA ya atacó sola; falta que Hidalgo se entere

SIN PROTOCOLO

Jorge G. Correa
Agosto 11, 2026

Mientras algunos periodistas se rasgan las vestiduras porque desde la presidencia de la república se pidió poner límites a los comentarios e informaciones inexactas —una discusión que llega 28 años tarde—, la inteligencia artificial ya tuvo su primer ataque autónomo.

Apenas hace unas semanas, dos modelos experimentales de OpenAI se escaparon de su entorno de pruebas y atacaron Hugging Face, una de las plataformas de IA más grandes del planeta: diecisiete mil intentos de intrusión y al menos cuatro sistemas vulnerados, sin que ningún humano apretara el botón. Bloomberg calculó que lo que a hackers expertos les habría tomado semanas, la máquina lo hizo en horas. Así de rápido cambió el tablero.

Y no crea que este problema se quedó en un laboratorio lejano a este país. Vale la pena recordar que, entre diciembre y febrero, en el área metropolitana de Monterrey, unos atacantes usaron IA comercial (Claude, de Anthropic) para meterse al sistema de agua y drenaje de la ciudad.

La firma Dragos analizó 350 rastros de esa intrusión y encontró que la mayoría eran scripts generados por la propia inteligencia artificial: le pidieron que planeara el ataque, que fabricara las herramientas y hasta que le sacara las contraseñas a los sistemas de control industrial. Monterrey, no Silicon Valley. Aquí nomás.

Que quede claro: esta columna no viene a satanizar a la inteligencia artificial. La herramienta no decidió hacer el mal por gusto ni se rebeló contra nadie. El problema no es que la máquina sea maligna, es que cuando le das un objetivo y demasiada libertad para cumplirlo, puede encontrar el camino más eficiente aunque ese camino pase por donde nadie lo autorizó. El enemigo no es la tecnología, es la falta de limites.

Y limites es justo lo que urge. No advertencias, no buenas intenciones, no mesas de diálogo eternas: se necesita un órgano regulador con dientes, capaz de auditar, de exigir reportes cuando algo así ocurra y de poner multas que de verdad duelan, como ya se mueve en Europa con su Ley de IA o como se discute en el Senado mexicano con la propuesta de una Agencia Nacional de Inteligencia Artificial. El mundo ya se dio cuenta de que esto no se regula solo. Falta que Hidalgo también se entere.

Porque mientras en el mundo se debate cómo ponerle límites a una tecnología capaz de tumbar un sistema de agua potable, nuestros legisladores locales andan muy concentrados discutiendo métodos realmente primitivos para simular paridad en las próximas elecciones. Se agotan en la paridad alfabética y no han dedicado ni una sola iniciativa a proteger la infraestructura crítica del estado ni a poner límites al mal uso de la inteligencia artificial.

Y que no se llamen a sorpresa después. Si la desidia de nuestros políticos por atender esto a tiempo termina costándonos algo de verdad —un apagón, una planta de agua, la infraestructura que nos sostiene—, la responsabilidad no se les va a olvidar tan fácil. La ignorancia legislativa, en esta materia, ya no tiene coartada.

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mho

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