Edgar Morin ha muerto, y con él 104 años de filosofía y humanismo

Juan Carlos Hidalgo

Edgar Morin ha muerto, y con él 104 años de filosofía y humanismo

CIRCO SÓNICO

Juan Carlos Hidalgo
Junio 1, 2026

No conforme con tener un sitio asegurado entre lo más destacado de la filosofía contemporánea, el pensador francés consiguió vivir hasta los 104 de edad y prolongar así la estela de una obra trascendente e influyente… ha partido el hombre que sistematizara el pensamiento complejo -como una corriente de pensamiento y de trabajo-.

Se trató de un hombre íntegro que representa lo mejor y lo más valioso de la figura histórica del intelectual… probidad y compromiso total alrededor de las ideas. De verdad que nos vamos quedando sin este tipo de autores que protagonizaron el siglo XX y, en el caso de Edgar Morin, animador también del siglo subsecuente. Todavía a los 101 años declaraba: “Mientras estoy poseído por las fuerzas de la vida, el espectro de la muerte retrocede”.

Y siguió todavía tres años más, desplazándose entre París, Montepellier y Marraquech para seguir empapándose de las cosas del mundo. Su nombre de pila fue Edgar Nahoum y procedía de un entorno de judíos sefardíes que emigraron desde Tesalónica en Grecia hasta Francia, donde nació y realizaría estudios  de Historia, Derecho y Geografía.

Consiguió instalarse en la Academia francesa para generar las condiciones para escribir su obra y sumarse a los grandes debates y polémicas de su tiempo: criticar al fascismo y el estalinismo, revisar a la globalización y abogar por el humanismo ante el advenimiento del capitalismo salvaje.

Entre 1977 y 2004 fue publicando los 6 volúmenes que conforman El método, la vasta obra que representa el núcleo de su producción y en donde apela por la interconexión y lo multidisciplinario a partir de una visión panorámica y libre de ataduras -como tenía que ser-.

Se le debe de tomar como un bastión no sólo de la izquierda francesa o europea, sino a nivel global, una postura que debía nutrirse esencialmente del humanismo, un enorme lección que recibió la humanidad tras las dos grandes guerras.

Debo decir que el presidente francés, Emmanuel Macro, tuvo mucho tino al definir a Edgar Morin como: “Pensamiento complejo, vida fecunda, espíritu universal”. En esa frase sintetizó de manera acertada una larga biografía a la que también agregó: “Soldado de la Resistencia, militante y liberado, escritor y pensador del siglo, defensor de la naturaleza y de los pueblos, Edgar Morin era el humanismo hecho persona”.

Debo decir que además de la gran admiración por su legado flosófico y sociológico, Morin aportó a la cultura pop tras concebir el término Yeyé para describir los devaneos de figuras como Johnny Halliday y Françoise Hardy, en los que había por igual elegancia y desparpajo, además de deseo de ruptura; aquello fue en 1963.

Años después (en la parte final de los ochenta) organicé un periódico mural que se colocaba en mi universidad y al que llamé El Neo-yeyé, como parte de una camarilla de agitación cultural a la que se me ocurrió nombrar: Neo-yeyé post-afroantillano del dada decadente -siempre con un gran afán lúdico y de confrontación burlesca- ¡Gracias, Morin!

Pero más allá de aquellos arranques juveniles, siempre hay que regresar a Morin y la visionaria conexión que planteó entre la filosofía y la ciencia física, la biología y la cibernética. Tal planteamiento lo consolidó como uno de los pensadores más originales del siglo XX y uno de los preferidos de los jóvenes.

Ahora que ha emprendido el último viaje, prefiero recordarlo a través de una de sus frases memorables y llenas de luz: “Tener esperanza no es ser optimista. Porque la esperanza es lo posible, no lo cierto. Comprométanse, pero sin taparse los ojos, sin fanatismos“.

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acf

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