¿Construir naves o construir industria?

¿Construir naves o construir industria?

Si Hidalgo no desarrolla industria propia, innovación y valor agregado, terminará dependiendo eternamente de decisiones tomadas fuera del estado.

Jorge G. Correa
Mayo 14, 2026

Hidalgo vive un momento que hace apenas unos años parecía improbable. Los anuncios de inversiones multimillonarias comienzan a multiplicarse, el sur del estado se perfila como un corredor logístico estratégico y las imágenes de nuevas naves industriales empiezan a dominar el discurso público. El mensaje oficial es claro: Hidalgo se está industrializando.

Pero entre la emoción de los anuncios y el entusiasmo de los cortes de listón hay una pregunta que debería ocupar el centro de la conversación: ¿qué va a producir realmente Hidalgo?

Porque una cosa es construir bodegas y otra muy distinta construir industria. Rentar tierra bien ubicada, ofrecer carreteras, conectividad y mano de obra accesible puede atraer capital rápidamente. Pero si el modelo termina limitado a ensamblar productos o almacenar mercancías para empresas externas, la riqueza seguirá viajando de ida y vuelta sin quedarse verdaderamente en el estado.

El riesgo es convertirnos en una enorme zona de tránsito donde las utilidades despegan hacia corporativos extranjeros mientras aquí solo permanecen los salarios básicos y el desgaste urbano.

El ejemplo más claro de hacia dónde deberíamos mirar es Querétaro. Esa entidad entendió hace años que el verdadero desarrollo no ocurre cuando llegan las empresas, sino cuando el conocimiento se queda. Ahí no solo construyeron parques industriales: construyeron ecosistemas. Universidades conectadas con las necesidades productivas, capacitación especializada, cadenas de proveedores locales y pequeñas empresas que evolucionaron hasta convertirse en socios estratégicos de industrias globales.

Querétaro dejó de ser un territorio maquilador para convertirse en un generador de tecnología y conocimiento. Ahí está la diferencia.

Hidalgo, en cambio, ha vivido durante décadas atrapado en una lógica distinta. Somos vecinos de gigantes económicos, pero muchas veces funcionamos como patio trasero laboral. Miles de hidalguenses siguen levantándose cada madrugada para viajar a la Ciudad de México, al Estado de México o incluso a Querétaro buscando oportunidades que aquí todavía no existen.

Y esa es la discusión de fondo: el problema nunca ha sido la falta de talento. El problema ha sido la falta de condiciones para que ese talento florezca aquí.

Por eso el reto del actual gobierno no puede limitarse a presumir inversiones o metros cuadrados de construcción industrial. El verdadero desafío es lograr que dentro de esas naves nazcan proveedores hidalguenses, tecnología desarrollada en universidades locales y empresas capaces de competir más allá de nuestras fronteras.

Porque si Hidalgo no desarrolla industria propia, innovación y valor agregado, terminará dependiendo eternamente de decisiones tomadas fuera del estado. Y entonces bastará una crisis global, un cambio de mercado o una reubicación empresarial para que todo el supuesto desarrollo se vuelva frágil.

El éxito verdadero no se medirá por la cantidad de dólares anunciados en un sexenio. Se medirá dentro de diez años, cuando podamos responder una pregunta sencilla: ¿esas naves generaron empresarios hidalguenses y conocimiento local o solo sirvieron para que otros hicieran negocio en tierra barata?

Ahí estará la diferencia entre crecer… y desarrollarse de verdad.

crs

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