Tres meses de paz en Cruz Azul

Tres meses de paz en Cruz Azul

SIN PROTOCOLO

Jorge G. Correa
Mayo 12, 2026

Hoy se cumplen tres meses desde que la Cooperativa Cruz Azul retomó el control de la planta de Tula. Tres meses desde que terminó una guerra interna que desgastó durante seis años a los cooperativistas, fracturó familias, paralizó operaciones y convirtió a una de las empresas más emblemáticas del país en sinónimo de pleitos legales, bloqueos y violencia.

El conflicto nunca fue solamente por una planta cementera. En el fondo estaba la sospecha de décadas de opacidad alrededor del manejo financiero de la cooperativa y de la relación entre la empresa y el equipo de futbol. Mientras algunos personajes acumulaban fortunas difíciles de explicar, miles de socios seguían esperando respuestas sobre el destino del dinero que generó durante décadas una de las cementeras más importantes de México.

Resolver un conflicto así no era sencillo. Y en esta historia hubo dos personajes que terminaron siendo determinantes. El primero fue el gobernador Julio Menchaca, quien apostó por una salida política y no por la confrontación. Durante meses sostuvo una ruta de diálogo que parecía imposible en medio de la tensión acumulada. El 12 de febrero, cuando finalmente se recuperó la unidad industrial, el saldo blanco no fue un detalle menor: en esa misma zona, años atrás, hubo enfrentamientos violentos, caos y escenas que parecían más cercanas a un conflicto sindical de otro siglo que al Hidalgo de 2026.

El segundo actor clave fue Víctor Velázquez. Le tocó dirigir a la cooperativa en uno de sus peores momentos financieros, con un golpe de hasta 40 por ciento en los ingresos tras el cierre de la planta hidalguense en 2021. La apuesta fue mantener viva a la empresa mientras el conflicto se resolvía. Y lo consiguió. En estos años modernizaron plantas en Aguascalientes, Puebla y Oaxaca, además de impulsar una nueva fábrica en Campeche que comenzará operaciones este mismo año.

Pero quizá el símbolo más importante está en Tula. Después de años detenida, la planta comienza lentamente a respirar otra vez. Se han rehabilitado hornos, áreas operativas y partes que prácticamente quedaron abandonadas durante el cierre. La intención es volver a producir cemento blanco y recuperar la capacidad industrial que convirtió a Cruz Azul en un motor económico de Hidalgo.

La apuesta va más allá de lo económico. También existe la intención de reconstruir el tejido social roto por años de confrontación. Incluso se habla de regresar al equipo de Primera División a jugar algunos partidos al estadio de Ciudad Cooperativa, algo que hace apenas unos años parecía una fantasía en medio de las disputas internas.

Sin embargo, el verdadero desafío apenas comienza. Recuperar la planta era lo urgente. Recuperar la confianza será mucho más complicado. Porque la pregunta de fondo sigue intacta: ¿la cooperativa realmente cambiará o simplemente cambió de manos?

La historia de Cruz Azul demuestra que cuando el poder se concentra demasiado tiempo y la transparencia desaparece, tarde o temprano llega la fractura. Hoy los cooperativistas celebran haber recuperado su empresa. Lo que sigue será demostrar que aprendieron la lección y que no volverán a repetir la historia que casi termina por destruirlos.

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