En 2014, el cantante y guitarrista Greg Dulli, nacido en Ohio, decidió reactivar a The Afghan Whings, la banda con la que ha obtenido mayor reconocimiento, pese a ser un creador muy inquieto que ha montado también Twilight Singers y Gutter Twins, además de probar suerte en solitario.
Es un hombre de recia personalidad y voz potente que se decanta por un rock guitarrero que acusa influencias del soul y el gospel mayormente, así como de atmósferas cinematográficas que afloran en cada una de sus composiciones.
El asunto es que con The Afghan Whigs llega ya a su décimo álbum, un Soft Control que lo encuentra en plena forma y con la reciedumbre para asomarse a quien fue en el pasado: “Era un joven enfadado, y eso alimentaba mi arte, mi ambición y mi empuje. No cambiaría nada porque no puedo. Pero al adentrarme en la fotografía y otras formas de arte, me di cuenta de que no compito con nadie, ni siquiera conmigo mismo”.
Es así que nos encontramos ante un disco robusto de 10 canciones que transpiran toda la pátina de estilo que imprime Dulli y que le lleva a recurrir a cuerdas y sintetizadores, sin demérito de esos juegos guitarreros que le han acompañado a lo largo de su carrera y que les llevó hasta formar parte, de alguna manera, del estallido grunge, durante los noventa.
Abren con “Jungle Roux” y hay reciedumbre y glamour; se incorpora una voz femenina que va dando la réplica y agrega esa estirpe soulera que hace grandes y fuertes a The Afghan Whigs… aquí permanece ese tufo noctámbulo que siempre traen consigo.
A los 61 años, Greg Dulli tiene muy bien en claro lo que quiere y la vía para conseguirlo: “Ahora sé lo que hago y hay una tranquila confianza que viene de poder respaldarlo”. Entiende muy bien cuando es momento de rockear a pleno -como en “House of I” para luego bajar la velocidad y dejarse llevar por un remanso en el que prive lo emocional -así como sucede en “Duvateen”.
No extraña pues que el líder de The Afghan Whigs declare:“He trabajado duro en mi paz interior”, es algo que se nota de principio a fin del álbum. Hay madurez, hay seguridad de sobra, incluso para coquetear con formas nuevas, tal como ocurre en “Mariah Luster”, en la que brillan las aportaciones de las cuerdas y los vientos, además de la media velocidad a la que transcurre y que incluye un comienzo con sonidos de pájaros en medio de un entorno natural.
Una vez más, cuando la gente se pregunta acerca de la salud y vigencia del rock aparecen figuras insignes que dan cuenta de su sentido de actualidad y pertinencia. Cierto, nos encontramos ante el cierre de un ciclo histórico, pero ello no obsta para los veteranos den cátedra, al tiempo que siguen exprimiendo a la creatividad.
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Además de las canciones ya mencionadas, de Soft Control también hay que destacar “The Deepest Part of the Darkest Shadow”, que nos sumerge en el ámbito del cine noir y aporta la parte de misterio que el álbum requería.
Es así como The Afghan Whigs nos recuerdan la importancia de no claudicar jamás… de contar con artistas de largo aliento que no reparan en cancionar las asperezas de la vida… de contar los resbalones existenciales… las crisis, los excesos y, ante todo, resistir en una pieza.
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