Riesgo o incertidumbre

Riesgo o incertidumbre

Los inversionistas prefieren riesgos conocidos antes que incertidumbres por lo que privilegian utilidades mediocres pero previsibles; las demás personas no tememos tanto al riesgo como a la incertidumbre que no entendemos.

Redacción
Septiembre 2, 2026

Los inversionistas prefieren riesgos conocidos antes que incertidumbres por lo que privilegian utilidades mediocres pero previsibles; las demás personas no tememos tanto al riesgo como a la incertidumbre que no entendemos.

El economista Daniel Ellsberg formuló en 1961 la paradoja que ahora es pertinente evocar, justo en una época en que confundimos riesgo e incertidumbre. Ellsberg mostró experimentalmente, mediante dos urnas con bolas de distintos colores: una con 50 rojas y 50 negras, obviamente con probabilidades 50%/50%. La otra también con 100 bolas, sin saber cuántas rojas y cuántas negras. La mayoría prefirió apostar a la primera, aunque podría ocurrir que la segunda tuviera 90 bolas del color elegido. ¿Por qué?  Porque nos angustia desconocer las probabilidades, dada nuestra aversión a la incertidumbre.

Se cuenta que un pillín de tantos que iban al Bellagio de Las Vegas, se preguntó al entrar: ¿Cuáles son mis probabilidades de ganar? Muy bajas. Perfecto, ya puedo apostar el botín.

Guerras, nueva geopolítica, cambios locales, discrecionalidad del gobierno vecino, cambio climático, inteligencia artificial, nuevas pandemias, ciberataques, migraciones, crisis energéticas, dobles bloqueos de rutas comerciales y disrupciones de cadenas de suministro, configuran hoy un cuadro de suficiente incertidumbre.

Si los consumidores e inversionistas no pueden estimar razonablemente qué ocurrirá con los impuestos, propiedad, regulación, energía, comercio o instituciones, pospondrán gastos e inversiones. Eso ayuda a explicar por qué seguimos pagando por información, estudios, pronósticos, inteligencia de mercados, transparencia gubernamental y estadísticas oficiales. Anunciar una regla fiscal puede favorecer decisiones de inversión aunque los impuestos aumenten. Toda información tiene valor económico cuando reduce la ambigüedad. Esta teoría de la decisión de Ellsberg favorece la creación de escenarios, análisis de sensibilidad, diversificación, reservas estratégicas, redundancia de infraestructura y planes de contingencia.

Ellsberg advierte: cuando las probabilidades son confusas nuestras decisiones cambian, la aversión a la incertidumbre puede provocar inmovilismo y preferir al diablo por conocido aunque sea peor. El mayor riesgo es no saber cuál es el riesgo. Eso afecta inversión, consumo, innovación, adopción tecnológica y políticas públicas.

Con bolas de colores y cálculo de probabilidades, Ellsberg demostró lo que nuestras abuelas sospechaban: más vale lo malo por conocido que lo bueno por conocer.

crs

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