Que la alegría no se privatice, ni se expropie, ni se decomise, ni se institucionalice. Qué bueno que México gane. Y así liberarnos un poco de la violencia. Qué bueno que México gane y aporte ilusión y alegría a adultos, a niñas y niños, a personas mayores. Así exfoliamos algo del abandono escolar, la precariedad en servicios de salud, seguridad y otros temas.
Qué bueno que México ganó de forma histórica en este mundial. Es loable que nuestro país destaque en uno de los deportes más populares del planeta. Y con ese ímpetu pongamos acento en que seguimos siendo un país violento hacia las mujeres.
Qué bueno que México gane, meta goles, nos de la oportunidad de gritar con euforia y contundencia, así también desfogamos frustraciones, penas, dolores por las inundaciones, los baches, los asesinatos, cobros de piso, desabasto de medicinas y falta de acceso a servicios públicos de calidad.
Qué bueno que México gane. Después de tres mundiales en los que hemos sido sede, ya era hora de que nuestros futbolistas y personal técnicos nos agasajaran, al menos, con la ilusión. Ensoñar es muy fácil en el país de las maravillas, alternancias y transformaciones.
Escribirles a los reyes magos nunca ha sido tan entusiasta como en 2026. Gracias a una World Cup llena de marcas, restricciones y altos costos para acceder a la felicidad, aunque sea por 90 minutos. Gracias Selección Nacional.
Recordar aquellos días en que patear una pelota en medio de la calle cual cancha de futbol, no implica ningún costo. El regreso a la realidad corre por cuenta de cada quien, que el pasaje de ida lo hemos pagado con la expectativa sobre los otros.
Qué bueno que México gane. Y con esa enjundia denunciemos golpizas y violaciones de hombres hacia mujeres, niñas o niños. Con un gol tal vez nos olvidemos, al menos por un momento, las ofensas desde el púlpito del poder político hacia sus detractores, sin importar el color del gobierno en turno.
Quizás ante el triunfo podamos olvidarnos de bloqueos, manifestaciones, búsqueda de desaparecidos, inclusive de aguafiestas amargados. La felicidad, tan breve, requiere también de la contención de detractores, opositores y divergentes al clamor y éxtasis que un gol nos puede evocar. Por eso, qué bueno que México gane.
Y qué bueno que siga ganando. El futbol no tiene porqué hacerse cargo de gobernar. El deporte no tiene porqué hacer que las finanzas públicas se administren adecuadamente. Patear un balón no tiene que ser sinónimo de participación ciudadana, rendición de cuentas o gobernabilidad. Aunque cómo se parecen ciertos balonazos y patadas a la forma en que se conducen algunos grupos en el poder político de un país.
Qué bueno que México gane, porque quién no recuerda la alegría de la infancia al anotar un gol en el patio del juego. Y que, con el sabor del triunfo o la derrota deportiva, evoquemos a Benedetti para no quedarnos sin labios, ni dormir sin sueño, ni pensarnos sin sangre, ni juzgarnos sin tiempo.
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