En las últimas semanas, la derecha ha culpado a los feminismos de la baja natalidad. Nos han inundado con noticias de que el crecimiento poblacional cayó en Argentina, en México, en Estados Unidos, en Europa, en Japón, en Corea.
Es interesante observar que las personas preocupadas por la caída de la fecundidad son, en su mayoría, personas blancas y privilegiadas, como Malcolm y Simone Collins, una pareja estadounidense de empresarios que actualmente tienen 5 hijos y buscan tener más, a pesar de que la salud de Simone no es la mejor para continuar gestando. Tienen la preocupación de que su raza, la blanca, desaparezca. Consideran que ninguna raza debería desaparecer de la Tierra; evidentemente, evitan pronunciarse sobre las guerras o catástrofes que su país ha generado a nivel global, las cuales causan millones de muertes y están produciendo la eliminación de diversos grupos de personas.
Dar la vida por dar vida les parece lo más loable. Los discursos pronatalistas son sumamente superficiales, pues no les interesa entender las razones por las cuales un grupo de personas hemos decidido no gestar u otras han decidido limitar su crianza a uno o máximo dos hijes.
Se niegan a ver que la natalidad ha bajado gracias a que el embarazo en niñas y adolescentes también ha descendido, un objetivo que la mayoría de las democracias se han propuesto, porque sí: no queremos niñas y adolescentes madres.
Son omisos frente a las condiciones económicas y medioambientales que las generaciones que nos suceden enfrentarán. ¿Quién quiere gestar cuando no se tiene un trabajo con un salario digno y seguridad social, o cuando las personas se están endeudando para sobrevivir? ¿Por qué traeríamos al mundo a personas que enfrentarán graves crisis hídricas y climáticas?
La idea de un mejor futuro parece diluirse entre nuestras manos y, aunque esto también es un objetivo de las derechas —es decir, aterrorizarnos a tal punto que no exista un mínimo de esperanza—, la realidad es que es difícil pedirle a las personas que gesten cuando los problemas estructurales no se solucionan haciendo crecer a la población.
Por ello, sigo apostando por las gestaciones y crianzas deseadas. Se requiere tener ese deseo, ese amor para sostener la vida en medio de tanta hostilidad.
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