Repaso Rituales, el sexto álbum de la banda tapatía Porter, y no puedo sino evocar sus momentos de mayor gloria creativa; sencillamente, Moctezuma (2014) es un álbum que no ha sido suficientemente valorado y que me parece una de las obras más notables y trascendentes de los últimos años para el rock iberoamericano.
Lejos quedan los tiempos de Donde los ponys pastan (2004) y Atemahawke (2007)… lavida siguió y el grupo encontró la manera de reinventarse sin Juan Son e incluso elevar su nivel compositivo hasta dar con una obra sólida y de gran calado.
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Me parece que se han ganado el crédito suficiente para tratar de entender sus movimientos más recientes… el rumbo y la intención de las 8 canciones nuevas que conforman Rituales… mientras eso pasa, doy vueltas a la idea de que la paciencia es un asunto importante y es por eso que acudo a Jean Jacques Rousseau para que nos recuerde: “La paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces”.
Y es que siempre habrá aciertos y extravíos… pienso en ello debido al trasfondo de “América” y su crítica socio-política, su conexión con el maíz transgénico, la beligerancia global… hay un hilo delgadísimo entre una reflexión puntual y que el discurso se convierta en panfleto.
Mientras esta idea me da vueltas, ahora es una frase de Emerson de donde brota un apropiado consejo: “Adopta el ritmo de la naturaleza: su secreto es la paciencia”.
Y es que el que busca encuentra; debo señalar que Rituales arroja dos canciones muy bien resueltas y contundentes; “El ego de un fantasma” es la mejor canción de una entrega breve… comienza con una maraña guitarrera -algo shoegaze-, luego tiene esa voz casi en falsete -que es marca de la casa-.
De “El ego de un fantasma” hay que reconocer lo bien que funciona la melodía y la forma en que sostiene al tema y lo hace entrañable; vaya manera en que una letra difícil encaja en función del resto de la pieza: “No basta ya/ Fue una pesadilla/ El efecto del Tafil/ No basta ya/ No hay vuelta atrás”.
El otro momento de alto impacto es “Trueno, cuya letra retoma un misticismo que es recurrente en el rock mexicano: “Nada es eterno”, pero lo hace con una hermosa entrada de piano, que antecede a la voz: “Moja el suelo/ Dios del trueno/ Extraño ese lugar/ Donde solía jugar/ Aguacero/ Rompe el cielo”. He aquí una indudable herencia estilística de lo mejor de Caifanes.
Porter ha declarado su esfuerzo por hacer un disco comprometido, que plasme una angustia generacional ante el deteriorado estado del mundo… hay mucha carga ecologista… sin duda, preocupaciones loables, pero al final hay una excesiva pátina de ideología neo-hippie… es lo que se percibe, es lo que hay… como que fueron excesivas las sesiones de playa para componerlo.
Además debo decir que me cuesta mucho trabajo entender el sentido del estilo de ilustración que ocuparon para los sencillos… se trata del uso de caricaturas que rompen con el campo semántico que la banda ha cultivado por años… algo que reaparece en la portada, una vez más cercana a una idea del misticismo, de lo chamánico… de profetas new age del siglo XXI.
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Concreción y divagación… asertividad y duda… no sólo en el arte, sino en la vida misma. Porter quiso volcarse sobre el debate y el discurso público, ¿será que eso es lo verdaderamente suyo?
Nos encontramos ante una obra de transición que refleja sus actuales preocupaciones… en este momento pudo más la ética que la estética, pero aún así no faltaron dos canciones impecables que harán que nos sigamos interesando en ellos y esperar por lo que nos habrán de entregar en un futuro siempre promisorio.
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MHO

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