Pachuca, las boyas y el debate que nos falta

Pachuca, las boyas y el debate que nos falta

ALAMEDA

Redacción
Abril 14, 2026


Por: Dino Madrid

Hoy quiero hablarte de la movilidad en nuestra ciudad.

En los últimos meses hemos visto en redes sociales un debate sobre lo que debe ser mejor para la movilidad de la capital hidalguense. Y aquí me hago la primera pregunta: ¿mejor para todos o solo para algunos?

Primero quisiera comentarte la diferencia entre boya y baliza, porque esta diferencia parece obvia pero no lo es. Las boyas instaladas en las principales avenidas de Pachuca tienen como finalidad ir construyendo cultura vial. Son importante para evitar accidentes, para que los conductores elijan oportunamente sus carriles. En el caso de las balizas —las cuales han generado un debate todavía mayor— son las del sistema Tuzobús, que sirven para delimitar el carril confinado del transporte público. Y aquí debemos recordar algo fundamental, que el tránsito y la vialidad urbana se diseñan, no se construyen solos.

Y se diseñan bajo un enfoque integral de seguridad vial, funcionalidad y equidad, priorizando a los usuarios más vulnerables —peatones, ciclistas y transporte público— sobre el automóvil particular. Esto no es una ocurrencia local, es el estándar internacional de movilidad urbana sostenible. Porque una ciudad no se mide por qué tan rápido circulan los autos, sino por qué tan bien se mueve toda su población.

Con esto no digo que el sistema de transporte público Tuzobus sea perfecto. No lo es. Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. De hecho, nuestro sistema es muy joven, aunque no lo parezca. Necesita llegar a más lugares, para lo cual necesita muchas más unidades. Pero que sea imperfecto no significa que la solución sea quitarle espacio. Al contrario, significa que hay que fortalecerlo.

Porque el debate de fondo no es sobre boyas ó balizas. Es sobre qué ciudad queremos. Una ciudad donde quienes tienen auto tengan todas las facilidades y quienes no lo tienen se las arreglen como puedan, o una ciudad donde moverse sea un derecho, no un privilegio. Donde una madre que trabaja en el centro pueda llegar a tiempo sin depender de un coche. Donde un estudiante no pierda dos horas diarias en camiones oxidados.

Las boyas y las balizas molestan porque ocupan espacio que antes era del auto. Y eso incomoda. Pero ese espacio nunca fue “de nadie”, es espacio público que se había repartido de manera inequitativa. Devolverle prioridad al transporte público no es quitarle algo a los automovilistas. Es redistribuir un recurso limitado —el espacio urbano— de manera más justa.

Y aquí está la trampa del debate en redes sociales, porque este se presenta como “automovilistas contra el Tuzobús”, cuando en realidad es “movilidad individual contra movilidad colectiva”. Y en cualquier ciudad del mundo, priorizar la movilidad colectiva no es ninguna ideología, es matemáticas. Un carril de transporte público mueve a más personas por hora que tres carriles de autos particulares. Eso no es una opinión.

Entonces la pregunta no es si las balizas molestan. La pregunta es, ¿a quiénes les molestan y a quiénes les sirven? Porque si tienes auto, tal vez notes más tráfico. Pero si eres de los miles que dependen del Tuzobús para llegar a trabajar, a estudiar, a vivir, esas balizas significan menos tiempo perdido, más seguridad, más dignidad.

Y sí, el sistema tiene que mejorar. Tiene que expandirse, ser más eficiente, llegar a más colonias. Pero eso no se logra quitándole espacio, se logra invirtiendo más. Porque la solución a un transporte público insuficiente no es regresar al caos de las combis. Es construir un sistema mejor.

Pachuca está creciendo. Y con ese crecimiento viene una decisión inevitable, ¿seguimos diseñando la ciudad para los autos o empezamos a diseñarla para las personas? Porque las balizas, al final, no son el problema. Son solo el síntoma visible de una ciudad que está intentando —todavía torpemente, todavía a medias— ponerse del lado de las mayorías.

Y las mayorías, en Pachuca como en cualquier ciudad, no tienen coche. Tienen pies, tienen bicicleta, tienen transporte público. Y también tienen derecho a una ciudad que funcione para ellos. Aunque eso signifique que quienes tenemos coche tengamos que aprender a compartir el espacio. Al final del día, una ciudad no es de quién tiene más, sino de quién la habita. Toda.

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