Sin Protocolo

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Onésimo y el arte de salir bien librado

SIN PROTOCOLO

Jorge G. Correa
Octubre 22, 2026

En política, las comparecencias suelen juzgarse con lógica de ring: o el funcionario salió fortalecido o salió golpeado. Cómodo para el comentario del día, pero insuficiente para saber si una dependencia sirve para algo. Vamos, entonces, a los datos.

Onésimo Serrano Rivera llegó al Congreso como encargado del despacho de la Unidad de Planeación y Prospectiva tras la renuncia de Miguel Ángel Tello Vargas. Le tocó explicar el trabajo de una institución amplia y técnica, con proyectos que rebasan los tiempos de cualquier persona, y de paso mostrar hacia dónde puede avanzar Planeación. Examen con público y sin acordeón.

La lectura general es que su participación fue sólida: conoció los temas, ordenó la información y mostró cómo se conectan programas e instrumentos con decisiones que tocan el territorio, los servicios, la movilidad, la vivienda y los trámites. Que un funcionario domine su materia ante los diputados debería ser lo normal, pero en estos tiempos se agradece.

Su currículum ayuda a entender el aplomo. Es licenciado en Derecho, maestro en Gestión Pública Aplicada por el Tecnológico de Monterrey y cursa una maestría en Derechos Humanos en la Academia de la Transformación de Hidalgo. Empezó como auxiliar administrativo en la Auditoría Superior del Estado, pasó por la entonces Secretaría de Obras Públicas y Ordenamiento Territorial y por las direcciones de Capacitación y de Vinculación y Proyectos Municipales del Instituto Hidalguense para el Desarrollo Municipal. Con Julio Menchaca fue director general de Planeación y Vinculación Metropolitana y luego coordinador general de Planeación y Proyectos, con nivel de subsecretario. Una escalera subida peldaño a peldaño, sin ascensor.

Eso sí, ser encargado del despacho es algo así como vivir en una casa con las llaves en la mano mientras otro decide la escritura. El gobernador Menchaca determinará lo correspondiente a la titularidad, y mientras tanto Planeación tiene procesos que no se pausan por trámite de nombramiento. El encargo exige precisión en sus alcances y seriedad en su cumplimiento.

Y aquí viene lo interesante, porque una buena comparecencia luce en el recinto, pero la gestión se mide afuera. Un estudio territorial debe servir para decidir dónde invertir; una evaluación, para corregir una política; una herramienta de información, para resolverle algo a las dependencias, los municipios y la gente. Un diagnóstico que no mejora decisiones es, con perdón, un PDF bien encuadernado.

Por eso el siguiente paso de Onésimo no está en la tribuna, sino en una ruta de trabajo visible: coordinación con las áreas de la Unidad, acompañamiento a los municipios, seguimiento de los proyectos y comunicación clara de avances y pendientes. Y un detalle de buena educación institucional: reconocer que los proyectos pertenecen a la dependencia y a los equipos que los han construido en distintas etapas, no a quien los presenta ante los diputados.

Quien conoce los procesos desde dentro tiene, además, una responsabilidad mayor. Si sabe qué funciona y qué no, también debe decir qué se corregirá.

Una comparecencia puede abrir una puerta. Lo que ocurre después, en el escritorio, con los municipios y con los proyectos, determina hasta dónde se llega al cruzarla.

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