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Daniel Fragoso Torres

No escupas al cielo

El Surtidor

Daniel Fragoso
Enero 18, 2026

Lo que decimos sólo tiene importancia para quien lo escucha, elabora e interpreta. Nuestras palabras son fuente de poder y de olvido. Estas máximas se han generado en mi pensamiento a raíz de una invitación que me realizaron para ser entrevistado en un podcast local, y una vez que éste apareció en redes, he pensado en cómo mis declaraciones se diluirían en el mar del internet y las millones de ofertas que existen respecto de los mismos temas de los que emití mi opinión.

Esta certeza se agudizó más después de conocer que en  el año que nos precede se estimó que existían alrededor de 4.5 a 4.6 millones de podcasts a nivel mundial, aunque la cifra exacta varía según la fuente y si se incluyen podcasts inactivos, siendo algunas estimaciones más conservadoras alrededor de 3.2 millones si se filtran los no activos. Esta cifra sigue creciendo, con millones de podcasts disponibles y un aumento constante en oyentes y contenido.

En una consulta de fuentes abiertas, encontré que la audiencia global de podcasts supera los 584 millones de oyentes en 2025, con proyecciones a alcanzar los 651 millones para 2027, mientras que México es un mercado clave en Latinoamérica con casi 30 millones de oyentes, esto según cifras de 2023, posicionándose como el segundo país con mayor consumo por tiempo, liderado por géneros como comedia, música y autoayuda, y dominado por Spotify.

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Después de la publicación de la entrevista en ese podcast, también ha estado rondando en mi cabeza el refrán popular “no escupas al cielo”, frecuentemente completado como “…que en la cara te cae”, entendido en el orden de una sabia advertencia sobre las consecuencias de la soberbia, el juicio severo y la falta de empatía. Esto, porque visto a la vera del tiempo, creo que el dicho ilustra cómo las acciones, palabras o críticas despectivas  o positivas, dirigidas hacia los demás (lanzadas hacia “arriba”, en un sentido de superioridad o desdén) (o lanzadas hacia “abajo”, en un sentido de limpieza bucal) suelen revertirse, afectando a quien las emite.

La implicación moral principal es la incongruencia. Este refrán pone en evidencia la hipocresía de juzgar situaciones ajenas cuando el juzgador no está exento de cometer los mismos errores o carece de la calidad moral para lanzar la crítica. Escupir al cielo es un acto de soberbia, un intento de menospreciar a otro, pero al ser una acción irreflexiva, ignora la ley de causa y efecto.

La máxima nos invita a la reflexión y a la humildad, recordando que todos somos vulnerables a la equivocación. Cuando nos burlamos de la desgracia ajena o criticamos duramente una debilidad, a menudo la vida nos coloca en una situación similar, obligándonos a experimentar lo mismo que condenamos. La “saliva” que regresa no es más que la propia inmadurez o crueldad, que termina manchando la reputación o la conciencia del emisor.

Creo que el dicho en comento es un llamado a la coherencia moral: antes de juzgar, debemos mirar nuestras propias acciones. La verdadera madurez moral radica en tender la mano al caído en lugar de condenarlo, evitando así el impacto vergonzoso de nuestras propias críticas desmedidas en nuestra propia cara.

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