Columna Adogma

Mauricio Sosa

Las lluvias de mayo

Las redes, la radio, la tele, los periódicos, hoy se abarrotan con noticias de prófugos y perseguidos, desaparecidos, muertes y las doce apóstoles conmemorativas del mundial. Absortos en medio de las lluvias de mayo, hacemos scrolling a la vida.

Mauricio Sosa Ocaña
Mayo 15, 2026

La temporada de lluvia no ha inicia oficialmente. Sin embargo, las precipitaciones llegaron para quedarse hasta diciembre. El tiempo no se detiene. Quizás nosotros no paramos ni para respirar. Alrededor, los hechos suceden. Sobre nosotros cae la lluvia, se inundan las calles, el agua se mete a las casas antes de que volvamos de trabajar.

Acudimos al espectáculo de la vida y al mismo tiempo aguardamos que inicie el campeonato mundial de futbol. Somos protagonistas del naufragio en el transporte público colapsado. Acrecentamos las filas de autos anfibios en plena ciudad. Miramos en primera fila un Popocatépetl nevado en medio de la primavera.

El púlpito se multiplica. Decenas de tribunas nos convocan a seguir sus voces. Badajos de campanas que hipnotizan. Los días se cuentan regresivamente hasta escuchar el silbatazo inicial.

Cada vez magnificamos los anuncios de gobierno, la publicidad, las vicisitudes. En la mano llevamos el control del caleidoscopio informativo para inundarnos con su turbulencia noticiosa.

Dando un solo click podemos acceder a imágenes de personas que se hacen videos íntimos, soeces. Contenidos que envían a otras personas como amenazas. O simplemente los publican ¿para ejercer su libertad de expresión? Adelantos noticiosos. Recetas y ayunos. Calistenia y yoga.

Las redes sociales son un avispero bajo amenaza. Voces que se agolpan, se empujan unas a otras como quienes se abren paso en el andén de Carlos Carrera. En el tren digital no hay líneas amarillas que nos adviertan del peligro. Mucho menos autoridad que contenga, que arbitre.

Los gobiernos emprenden acciones para embellecer sus ciudades sedes del mundial. Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey viven el exatlón de las obras públicas. Millones de pesos para infraestructura.

La ciudadanía sortea los costos de la vida. La despensa semanal. Los pagos quincenales. Los abonos chiquitos. La papelería con los utensilios para hacer los regalos del 10 de mayo y luego del 15.

Pagar los pasajes del transporte público en remodelación. Asumir los costos de tiempo y dinero para trasladarse en medio de calles y avenidas llenas de hoyos. Trafitambos naranjas y cintas rojas que dirigen vehículos hacia otro lugar. Vallas plásticas que no dejan pasar al transeúnte.

Docentes del país conmemoran este viernes su día. Maestras y maestros vieron escabullirse las vacaciones más largar de su carrera profesional. En cambio, los descubrieron por ya no trabajar durante el último mes del calendario escolar. Adiós home office mundial. Bienvenida la parresia gubernamental del sistema educativo.

Antes nadie nos advertía en tiempo real sobre el clima. Eran los ochenta. Recuerdo los festivales del 10 de mayo. Invariablemente llovía en medio de la entonación de las mañanitas y los bailables organizados para celebrar a nuestras progenitoras.

Las redes, la radio, la tele, los periódicos, hoy se abarrotan con noticias de prófugos y perseguidos, desaparecidos, muertes y las doce apóstoles conmemorativas del mundial. Absortos en medio de las lluvias de mayo, hacemos scrolling a la vida.

crs

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