En el último año, por una serie de situaciones familiares, he pasado mucho tiempo en hospitales públicos de los tres servicios de salud: ISSSTE, IMSS e IMSS-Bienestar.
Desde hace algunos años me he especializado en temas sanitarios, así que conozco bien los derechos y obligaciones de los profesionales de la salud. Conozco las carencias presupuestarias, de recursos humanos y materiales para poder brindar una atención médica con dignidad.
Así que he visto las condiciones paupérrimas en las que las personas acuden buscando un alivio para el dolor, una cura, una explicación.
Por eso, las veces que he sido testigo de injusticias en este sistema, me detengo un momento a pensar si puedo exigirle a ese personal cansado, que aunque no tenga los recursos para brindar la atención, sí pueda tener un poco de humildad, de resonancia frente a las personas que no entendemos el sistema de salud, que solo queremos información para entender nuestro estado de salud o el de nuestro familiar.
Particularmente se me ha roto el corazón múltiples veces al ver al personal de salud gritar por desesperación a las personas que no entienden su explicación. A veces no se dan cuenta de que no están prestando atención porque les han dado un diagnóstico complejo que pone en riesgo la vida o la salud, y que no les está cayendo el veinte de cómo su vida cambió drásticamente.
También he sentido furia cuando, por culpa de personas que ya han perdido la humanidad, no agendan las citas para procedimientos importantes y los pacientes retardan por muchos meses más su tratamiento.
A mí me tocó que nos robaran unas vacunas de filgrastim dentro del hospital, las cuales son muy costosas y vitales para que las personas que llevan un tratamiento de quimioterapia puedan fortalecer su sistema inmune. Por ese episodio entendí por qué afuera del hospital había personas con cáncer pidiendo dinero para reponer los medicamentos que les habían robado en el interior. Las personas que llevan quimio tienen un efecto de neblina mental, así que es fácil distraerlas.
Hay cosas que son total responsabilidad del Estado, e incluso el robo de medicamentos es una de esas consecuencias. También sé que sobrellevar un ambiente hospitalario donde la muerte y el horror acechan en todo momento es complicado, pero aun así me es difícil comprender la total pérdida de la compasión ante la vulnerabilidad que implica perder la salud.
Sin duda, tenemos que replantearnos todo el sistema de salud, pero particularmente las prácticas que deshumanizan a su personal y que, con estas acciones u omisiones, violan los derechos humanos.
Porque si algo no le ha quedado claro al personal de salud público, es que sus acciones no son personales: en su actuar representan al Estado.
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