Dirijamos la atención a tres puntos centrales con la perspectiva de perfilar un horizonte para la inteligencia artificial.
Primero: coincidíamos en la presencia de una brecha grande, notoria, entre el binomio de justicia y política, y la IA fácilmente detectable: la lA no está en las agendas de la impartición ni de la procuración de justicia – no obstante aplicarse -, tampoco en las de los sistemas policial y penitenciario; ejemplificó refiriendo solo la materia penal.
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Igual no se encuentra en los listados programáticos de los partidos políticos y por lógica no figura en las prioridades de las agendas parlamentarias. En ambos espacios cobra flaca presencia y cuando aparece no es con una perspectiva de largo aliento, su aparición es forzada por las circunstancias.
Segundo: la solución, una parte de la solución, para ir cerrando esa brecha, está en el Derecho. Un análisis riguroso lo mostraría, en general, rebasado frente al avance vertiginoso de la IA, y a la vez colocado frente a un gran desafío marcado por un espectro de diversas variables.
Ilustró con dos extremos: uno, la atención desde la enseñanza del derecho y la investigación jurídica, incluida la construcción y práctica de un nuevo lenguaje del derecho acorde a los avances de la IA, el respeto a los derechos humanos y la democracia participativa.
Debe permear también hacia el diálogo social y político hasta lograr su inserción en las políticas públicas y los principios partidarios donde su tratamiento y práctica son obligados debe a efecto de lograr una gobernanza acorde a la realidad de la sociedad mundial.
Requerimos de construir una legislación flexible, adaptable a la velocidad del avance de la IA y sus efectos. Para ello debemos partir de nuevos conceptos jurídicos y de una óptica innovadora de los derechos humanos y la paz social.
En la medida de la insistencia para frenar, adaptar o de plano eludir la presencia de la IA mediante conceptos superados e inoperantes, nuestras batallas estarán mucho más limitadas y seguramente las vamos a perder.
Tercero: en ese sentido, el punto de partida es conectarnos al contexto predominante de las actuales generaciones, jóvenes y maduras, donde los conceptos democracia, soberanía nacional e independencia judicial han dejado de ser estáticos, cambian día a día obligando a una rápida asimilación a la cual debemos adaptarnos.
Además, hay otra variable incuestionable: estamos frente a dos posiciones aparentemente irreductibles: una, los nacionalismos reeditados, sostenidos con las políticas populistas; y una globalidad cambiante, a fuerza de nuevas condiciones de poder, en el orden internacional.
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¿Hacia dónde debemos dirigirnos? Necesitamos construir un piso universal para enfrentar a la IA. No enfrentar en sentido negativo, enfrentar en sentido de gestionar para hacer de la inteligencia humana la dominante de la inteligencia artificial, y evitar el peligro de la fórmula inversa.
Expuesta esta reflexión en el reciente ejercicio desarrollado en la Casina Pío IV del Vaticano, en presencia del cardenal Peter Turkson, canciller de la Pontificia Academia de Ciencias y de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, propuse construir con las diversas intervenciones un diagnóstico del estado del arte de la IA en términos de política y justicia, desde la óptica de los agentes intervinientes, públicos y privados; la creación de un banco de información destinado a procesar y difundir los avances en la materia en el ambiente jurídico universal, y un cuarto de pensamiento para la discusión y actualización permanentes del tema.
MHO
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