Hidalgo no es una isla. Por lo mismo, no es ajeno a la violencia heredada de los regímenes anteriores, y por lo mismo necesita filtros fuertes para garantizar que el crimen no se filtre en las próximas elecciones municipales. La afirmación parece obvia, pero conviene repetirla, porque en cada proceso electoral se nos olvida que el pasado reciente del estado no fue precisamente tranquilo.
El estado ya no está como en tiempos de Osorio Chong, cuando el cartel de Los Zetas, comandado por el Lazca, patrullaba la ciudad y cometía crímenes con total impunidad, casi como si tuvieran permiso oficial para hacerlo. Aquellos años marcaron a varias generaciones de hidalguenses que crecieron con el miedo instalado como parte del paisaje cotidiano.
Aun así, y aunque hoy el panorama es distinto, Hidalgo ha sufrido por la incrustación del huachicol, ese vecino incómodo que nadie invitó pero que ya se instaló en la sala y que, de tanto en tanto, sigue dejando su huella en distintas regiones del estado.
Este gobierno, hay que reconocerlo, ha dado golpes sobre el escritorio contra personajes de alta criminalidad, con capturas de quienes delinquían en el estado o que contaban con el apoyo de bandas criminales a nivel nacional.
Son avances que merecen mencionarse, aunque también conviene no confundir un golpe mediático con una solución de fondo; la diferencia entre ambos suele notarse meses después, cuando la atención pública ya se movió a otro tema.
Ayer, el secretario de Seguridad Ciudadana, Omar García Harfuch, agradeció a las fuerzas del estado su trabajo para detener a uno de los objetivos prioritarios del narcotráfico en Tabasco: Jorge Luis N, alias “Koki”. Un reconocimiento que habla bien de la coordinación entre corporaciones, algo que no siempre fue la norma en administraciones pasadas.
Por eso los partidos políticos deben hacer un examen exhaustivo para evitar que personas cercanas a estas bandas criminales puedan filtrarse en las listas de candidatos para 2027, un examen que, ojalá, sea más riguroso que el que se aplica de dientes para afuera cada proceso electoral, cuando de pronto todos los precandidatos resultan tener hojas de vida impecables.
Hidalgo es una entidad segura en comparación con los estados vecinos, un dato que se agradece pero que no debe convertirse en motivo de relajación. Todos —autoridades, partidos y ciudadanía— deben trabajar para que esta situación mejore y se tengan gobiernos verdaderamente libres de vínculos con el crimen organizado, no solo en el discurso, sino en los hechos que se puedan comprobar.

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