Guajolotes de Tulancingo quedan casi fuera de la Feria de los Angelitos

Es el antojito que puso a Tulancingo en el mapa gastronómico, pero en esta feria solo un puesto lo prepara. Foto. Nathali González

Guajolotes de Tulancingo quedan casi fuera de la Feria de los Angelitos

El guajolote de Tulancingo, platillo insignia del municipio, tiene una presencia limitada en la Feria de los Angelitos.

Nathali González
Agosto 12, 2026

Quienes visitan el pabellón gastronómico de la Feria de los Angelitos en busca de la cocina típica local se encuentran con una oferta limitada: en el callejón de El Progreso sólo se instaló un puesto dedicado exclusivamente al guajolote, el antojito insignia y mayor referente culinario de Tulancingo.

Esta desproporción deja prácticamente sin opciones a los visitantes y turistas de otros estados que acuden a la festividad patronal —organizada por el Gobierno Municipal y la comunidad parroquial— con el interés de conocer y degustar la gastronomía típica del municipio.

Un recorrido por el área permite constatar que los puestos instalados ofrecen principalmente tacos, birria, pan, postres, fresas con crema y hamburguesas, además de giros ajenos al sector alimentario como ropa, muebles, cosméticos, bocinas e incluso un estudio de arte.

Guajolotes de Tulancingo quedan casi fuera de la Feria de los Angelitos

Entre la variedad de giros, solo un comerciante se dedica de manera exclusiva a la preparación y venta del tradicional guajolote —platillo elaborado con telera frita en manteca, frijoles, enchiladas y diversos guisados—, convirtiéndose en la única alternativa para probar el antojito insignia dentro del espacio asignado formalmente a la gastronomía local.

Guajolotes de Tulancingo quedan casi fuera de la Feria de los Angelitos

Antojito que validó el distintivo de Pueblo con Sabor

La relevancia del guajolote se remonta a mediados del siglo pasado, cuando llegó la electrificación a la zona urbana.

Cuenta la tradición oral que un grupo de trabajadores de las líneas eléctricas, al buscar cena durante una Nochebuena, solicitó a una cocinera un platillo especial para celebrar. A falta de pavo o “guajolote” para la cena navideña, la cocinera improvisó una torta rellena de frijoles y enchiladas que bautizó jocosamente como su propio “guajolote”.

La preparación trascendió la anécdota y, décadas más tarde, se consolidó como el símbolo culinario que fue determinante para que Tulancingo recibiera el nombramiento estatal de “Pueblo con Sabor”.

Sigue nuestro CANAL ¡La Jornada Hidalgo está en WhatsApp! Únete y recibe la información más relevante del día en tu dispositivo móvil.

mho

Banner Entretenimiento