Fernando Serrano Migallón es un referente de la mejor abogacía mexicana.Su mexicanidad natal tiene como raíz la dramática experiencia del exilio español, y su formación profesional el ejemplo de su padre.
Pertenece a una generación heredera del mejor pensamiento de la España que partió la guerra, ese que encontró en México tierra generosa y pródiga para su continuidad.
De ahí su temple personal y calidad intelectual.
Fernando Serrano Migallón a quien hoy festejamos por su vida y por su obra, es ejemplo del abogado que tiró su mirada más allá del conocimiento del derecho, por eso, su impronta está en la administración pública y la investigación jurídica, en la docencia y en el conocimiento de la historia. Ahí está el impecable desempeño en importantes áreas de las instituciones nacionales, su búsqueda de los orígenes patrios, la recuperación de la vida y obra de otros destacados juristas y su presencia en la Academia Mexicana de la Lengua, en la Academia Mexicana de la Historia, en la Academia Mexicana de Jurisprudencia y Legislación, en el Ateneo Español de México, y cotidianamente en la prensa nacional.
Pero sin duda, la vida de Fernando Serrano Migallón está indisolublemente ligada a la Universidad Nacional Autónoma de México, primero como su alumno, luego como su profesor; como funcionario fue el abogado general, y desde luego, como director de su Facultad de Derecho. Lo más importante es su obra como formador y guía de muchas generaciones de hombres y mujeres que abrazaron la ciencia jurídica como forma de vida.
Al jurista debemos obras tan importantes para el conocimiento del derecho mexicano, como su historia de las constituciones de México, esos tomos donde recuperó la larga trayectoria de nuestras cartas constitucionales y explicó su impacto y trascendencia.
Todo esto, de manera apretada, retrata la fructífera vida de Fernando Serrano Migallón, el funcionario serio, el profesor amigable, el hombre afable en el trato directo; proporcional a su estatura física es su talante intelectual.
Y en momentos de prueba para la abogacía en muchas partes del mundo, particularmente en México, Fernando Serrano Migallón es un ejemplo para adaptar la profesión jurídica a nuevos estadios, unos deseados y otros obligados.
Su ejemplo sirve para confirmar que abogadas y abogadas debemos saber más de mucho, de tal forma que así sepamos más de derecho.
Termino mi felicitación citando al propio Fernando Serrano Migallón, quién mejor que él para dar una lección a la nueva abogacía mexicana.
Dijo en su discurso de ingreso a nuestra corporación: “el abogado, el jurista, es un guardián de valores que persisten porque siguen siendo pronunciados, aunque en algún momento de la vida social pareciera que la ley es más un estorbo para las ambiciones de los menos frente a las necesidades de los más”.
Felicidades Fernando, celebramos tu vida y más tu pertenencia a la Academia Mexicana de la Lengua.
En ocasión del octogésimo aniversario de su natalicio, esas fueron mis palabras en el homenaje de la Academia, hace un año, a quién se integró a la membresía en 2006 y dejó una profunda huella de compromiso, compañerismo y amistad durante dos décadas, hasta su última asistencia a la sesión del jueves 22 de este mes.
Este mismo año celebramos el reconocimiento de la Universidad Nacional Autónoma de México al investirlo Profesor Emérito, y la publicación de sus memorias Hurgar en el corazón ( Bonilla Artigas Editores, 2026) presentadas en el Ateneo Español apenas unas semanas antes de su partida.
Lamento la brevedad de su amistad, generosa y siempre aleccionadora en la conversación, iniciada cuando aceptó responder mi discurso de ingreso a la Academia en 2019 y alimentada con creces en los años posteriores. Especialmente recuerdo los días cuando coincidimos en Arequipa en el X Congreso Internacional de la Lengua Española, en octubre de 2025, y en las actividades conmemorativas del 150 aniversario de la Academia, también el año pasado.
Para el anecdotario personal guardo de la estancia en la ciudad peruana, haber compartido la mesa durante un almuerzo servido en el espléndido convento de Santa Catalina, donde el invitado de honor fue el rey Felipe VI de España, precisamente con Fernando Serrano Migallón, un hombre de profunda convicción republicana, su característica vital.
Descansa en paz, admirado Fernando, gracias por tanto.
Otros académicos participantes: Margo Glantz, Diego Valadés, Javier Garcia, Diego, Jesús Silva-Herzog Márquez, Liliana Weinberg, Angelina Muñiz-Huberman.
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acf
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