La preocupación flota sobre el planeta. Se veía venir desde el anuncio de su interés por la candidatura republicana para volver a ocupar la Casa Blanca. Cumplido el propósito del magnate en una gélida mañana de Washington, lo inmediato al protocolo fue empezar a cumplir la oferta de campaña en las horas siguientes. De vuelta en la Oficina Oval inició la nueva era Trump.
En eso estamos, México y todo el mundo atento, pendiente y dependiente del día a día del presidente norteamericano. Lo mismo impacta en nuestra frontera norte, en Gaza y todo el conflictivo medio oriente; en Ucrania, Latinoamérica y la Unión Europea. Sus decisiones impactan ya en el medio ambiente, la salud, el comercio, el idioma, la seguridad, la inclusión. No es ola, es marejada.
Son suficientes un discurso, la actitud, una firma, la fotografía del presidente o de alguien de su entorno, para la especulación y hasta el temor. Es la forma disruptiva, envolvente del fondo. Son el estilo y, más, la visión del gobernante decidido a recuperar – dice él- el poderío de América, la de los Estados Unidos.
Ante esta nueva versión del Destino Manifiesto las respuestas más elaboradas resultan ingenuas o, cuando menos, poco efectivas. Lo dialogado se diluye en las horas siguientes. El acuerdo es efímero, historieta. Frente a la preparación estricta de los argumentos, aparece la decisión contundente en los hechos. Es otra la lógica.
Las voces de alerta empiezan a escucharse desde la defensa de los derechos humanos y el Estado de derecho. El Comité Panamericano de Juezas y Jueces por los Derechos Sociales y la Doctrina Franciscana, Copaju, se manifestó en días recientes cuestionando: ¿Es el final del orden jurídico internacional?, en un documento fechado en Buenos Aires, ciudad de su sede, el 19 de febrero anterior.
Se abordan en el texto cuatro decisiones del mandatario norteamericano: las políticas migratorias violatorias del derecho internacional humanitario; la propuesta de control sobre la Franja de Gaza con el desplazamiento forzoso de la población, sobre los principios elementales del derecho público internacional; la orden ejecutiva para sancionar a la Corte Penal Internacional y a quien apoye sus sanciones contra los Estados Unidos y sus aliados; y, la salida de su país de la Organización Mundial de la Salud poniendo en riesgo la salud de la población mundial.
Advierte el Copaju un ánimo de debilitar la presencia de los Estados nacionales en el contexto de globalización, ante la influencia de corporaciones internacionales desarrolladoras y ejecutoras de nuevas tecnologías digitales y robóticas.
Acorde a su observancia de la doctrina francisca, alude dos citas del papa Francisco, ahora afectado en su salud. Respecto del problema migratorio: el sufrimiento de la desdichada población migrante, y su petición de proteger particularmente a la infancia, primera víctima del éxodo. Y del conflicto en Medio Oriente: la necesidad de investigar el posible genocidio en Gaza para determinar si encaja en la definición de juristas y organismos internacionales.
La declaración concluye llamando a las juezas y jueces a “garantizar con mayor énfasis, a través de nuestras decisiones, los estándares internacionales de derechos humanos”, en torno al compromiso de la organización con la justicia y la paz.
La sugerente pregunta del Copaju generará respuestas desde su Instituto Fray Bartolomé de las Casas, perteneciente a la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales y dirigido por los juristas Eugenio Raúl Zafaroni y Alberto Filippi, y el antropólogo Marcelo Suárez Orozco.