Enrique Rivas columna Vozquetinta

Enrique Rivas

Espectáculos xantoloides

Adviertes, Eloy Zúñiga, alias “El Zurdo”, en tu página electrónica, que el Día de Muertos o Día de Todos Santos en la Huasteca se ha espectacularizado.

Enrique Rivas Paniagua
Noviembre 1, 2026

Adviertes, Eloy Zúñiga, alias “El Zurdo”, en tu página electrónica, que el Día de Muertos o Día de Todos Santos en la Huasteca se ha espectacularizado. Que el sello individual que antaño ponía cada pueblo de nuestra vasta región a este diverso festejo, variando así de comunidad a comunidad su propia forma ritual de recibir a las ánimas y homenajearlas, ya está cayendo en una suerte de tabla rasa, donde todo resulta exactamente igual en todas partes. Y que se ha vuelto un vicio estandarizar el nombre de esta fiesta como xantolo, término que hasta hace pocos años no se conocía —menos, por supuesto, se empleaba— en muchísimas localidades huastecas, como ya sucede hoy hasta en urbes tipo Tampico-Madero o Ciudad Valles, no se diga en poblaciones de tamaño medio, digamos Tamazunchale, Tantoyuca, Tempoal, El Higo o el mismo Tanquián donde tú vives.

Pues déjame decirte, Eloy, que a mí también me preocupa bastante este fenómeno y que considero a Huejutla el caso más sintomático de espectacularización. Lo que los ineptos lobos de la política, revestidos de ovejas culturosas, hacen del xantolo en la plaza huejutleña es una apantallante maqueta, una faramalla teatrera, un parque temático levantado a modo para programar ahí su chou joligudesco. Aquello es la banalidad, la ostentación chabacana, la verborrea oficial convenenciera sobre el originarismo de nuestros pueblos indígenas. Eso sí: miles de cempasúchiles, aserrín de colores, papel picado, nubes de copal, artesanías; pero nada, absolutamente nada que ver esto, ni remotamente, con el auténtico miccailhuitl que practican las doscientas y tantas comunidades rurales del municipio.

Por mi parte, hermano, me inquieta igualmente que en las celebraciones en diversos estados, incluyendo los huastecos, se están imitando las modas recientes impuestas desde la Ciudad de México. Hablo en específico de una: la catrinización, ese carnet de identidad suyo que la chilanguería califica de tradición (mal llamada así, porque está lejos de serlo en estricto sentido antropológico). Catrinas monumentales, alebrijes mortuorios, desfiles de disfrazados, rostros maquillados de folclorismo. Una pachanga centralista para turistas ingenuos. Muy vistosa, ciertamente, pero inventada a partir de un churro jamesbondiano. Que la Capital la manipule de esta manera, vale, pero no que la exporte al resto de la república como símbolo unitario de mexicanidad. Somos amigos del camino, no del itacate, reza un dicho.

Xantolo, vocablo híbrido (es nahuatlización del latín sanctorum). Está tan expandido por toda la Huasteca que inclusive se ha castellanizado ya en forma de verbo (xantolear) y de adjetivo (xantolero). Lo grave, mi estimado Eloy, no radica en su nombre, que además de breve y sonoro tiene la virtud de oírse mestizo, sino en la tergiversación que de él han hecho. Espectáculo, reflectores, utilería, saturación de espacios, concursos de falso costumbrismo. También, claro, abultadas estadísticas de hospedaje y otros servicios turísticos consumidos, más su respectiva derrama económica, piedra de toque de cualquier administración pública. A este paso, la próxima ofrenda que levantemos será al culto mismo que cada año rendimos a nuestros seres ausentes. Digo, siempre y cuando éstos, probablemente rejegos porque los volvimos objetos comerciales, quieran de veras regresar a visitarnos en su día.

crs

Banner Entretenimiento