El decapitado

El decapitado

​El 11 de octubre se cumplen 17 años de la liquidación de Luz y Fuerza del Centro. Tenía 18 años, tenía algunas semanas de haber empezado la carrera de Derecho.

Ninde MolRe
Octubre 7, 2026

​El 11 de octubre se cumplen 17 años de la liquidación de Luz y Fuerza del Centro. Tenía 18 años, tenía algunas semanas de haber empezado la carrera de Derecho.

​Esa noche yo había ido a una fiesta; mi papá, liniero con 18 años de trabajo en esa empresa, me avisó que iría antes por mí. Cuando subí al auto, su rostro y su voz entrecortada pero furiosa me dijo: liquidaron Luz y Fuerza. Su teléfono sonaba una y otra vez; en el camino para llevarme a casa vimos varias patrullas de la Policía Federal moverse por toda la ciudad. Me dejó en casa y se fue a las instalaciones de Santa Julia para ir con sus compañeros a tratar de luchar por sus derechos.

​Mi papá, aunque estaba sindicalizado, sabía que había prácticas de corrupción, y las dinámicas de poder que se manejaban le incomodaban, así que marcó distancia.

​No obstante, esos actos de corrupción habían generado una animadversión por parte de la ciudadanía, que se alegraba de la liquidación. Han pintado que la toma de las instalaciones fue pacífica, pero nada que ver. Estuvo llena de empujones y maltratos a las y los trabajadores por parte de la Policía Federal. Han dicho que recibieron liquidaciones millonarias: otra mentira. Estuvieron mal calculadas y hasta la fecha no conozco a alguien que haya recibido los millones que FeCalH afirmó en televisión.

​Mi papá acudió a todas las marchas que pudo y, cuando no estaba ahí, se sentaba horas frente a la televisión para ver lo que pasaba en la Ciudad de México. Pasó semanas así, en negación, escuchando a los laboralistas como Néstor de Buen Lozano, que coincidían en que todos estos actos fueron inconstitucionales. Pero, políticamente, desde la Presidencia y la anterior SCJN ya se había pactado para no reconocer las violaciones a los derechos laborales, pues durante la presidencia de FeCalH, junto al miserable Lozano, se encargaron de minar los derechos laborales de todos en el país para ponernos al servicio de los empresarios.

​Como mi papá, había miles de trabajadores que no participaron ni se beneficiaron de los actos de corrupción. 44 mil familias se vieron afectadas, no solo en lo laboral. Al estar inmersa en este proceso a través de mi papá, los vi enfermar y morir, algunos en situaciones muy precarias pues decidieron no liquidarse. Vi a varios de las y los hijos dejar sus estudios. Vi la destrucción de familias enteras. Perdieron su patrimonio y, sobre todo, su espíritu. Dos años después de la liquidación, mi papá fue golpeado en pleno Zócalo por excompañeros que no se habían liquidado.

​Nunca defenderé a quienes encabezaron al SME, pues sus prácticas, consciente o inconscientemente, colaboraron con la Presidencia para lograr la extinción; pero sí a las y los miles de trabajadores sindicalizados que de un día a otro, e injustificadamente, fueron liquidados.

​Así que cuando supe de la manifestación afuera del Foro América Libre y de la decapitación simbólica del exmandatario, no pude más que sentir alegría. Ese pequeño acto simbólico —y de nuevo, al igual que con las feministas, no es violencia sino una expresión de la protesta— trajo a mi familia un momento de justicia.

​Un momento, porque no es absolutamente comparable a la devastación y el dolor que él y su gabinete causaron en este país durante su mandato, y cuya repercusión sigue hasta hoy. Sus manos están llenas de sangre y no solo por este tema; no alcanzo a imaginar cómo se repara todo ese daño.

​Así que déjense de ridiculeces y de llorarle a una estatua: FeCalH está intacto, en su casa, disfrutando de su vida a expensas del sufrimiento de miles de personas.

crs

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