El cuerpo en las calles: represión y protesta

El cuerpo en las calles: represión y protesta

La protesta es nuestro derecho. Llevar a las calles lo que nos duele, lo que indigna, lo que nos enfurece es una de las formas de expresión más legítimas que tenemos las personas.

Ninde MolRe
Octubre 14, 2026

La protesta es nuestro derecho. Llevar a las calles lo que nos duele, lo que indigna, lo que nos enfurece es una de las formas de expresión más legítimas que tenemos las personas.

Las manifestaciones nos permiten observar y escuchar el clima político de un país, de un estado, de una comunidad. Por ello no todas las protestas tienen fines legítimos, algunas buscan hacer posicionamientos en contra de grupos para quitarles sus derechos, pero incluso esa protesta deja una huella histórica importante.

La protesta es y tiene que ser incómoda. A veces el simple hecho de que miles de personas tomen las calles en silencio ya causa escozor. Pero poco a poco se han unido otros elementos como carteles, consignas, grafitis, cierre de vialidades, romper vidrios, fuego.

En los últimos años los distintos niveles de gobiernos, independientemente de la posición que tengan en el espectro político, han ejercido formas más violentas para reprimir la protesta y narrativas para deslegitimarla. Ahora ir a marchar a las calles implica tener un protocolo de seguridad, llevar en tu mochila materiales de curación y esperar no sufrir una detención arbitraria, golpes o incluso violencia sexual. El uso de macanas, balas de goma, gas lacrimógeno e incluso armas de fuego parece ser que ahora es una cotidianidad.

En esta semana hemos visto protestas legítimas tomar las calles: la de las personas trabajadoras sindicalizadas del IMSS que buscan un aumento salarial real, mejores condiciones de trabajo, abastecimiento de medicamentos y la contratación de personal suficiente para brindar un mejor servicio a la derechohabiencia. También la protesta en Jalisco que exige agua limpia para todas las personas del estado, la demanda de seguridad ante la alcaldía Cuauhtémoc de las trabajadoras sexuales trans de la Ciudad de México. Todas han terminado en represión: en el caso del IMSS, siendo encapsuladas y agredidas por policías; la de Jalisco, irónicamente, reprimida con chorros de agua limpia, gas lacrimógeno y además con personas privadas ilegalmente de su libertad; la de las trabajadoras sexuales, con varias de ellas gravemente heridas.

Las narrativas desde el poder para deslegitimar estas manifestaciones y buscar la aprobación de sus acciones ruines: la protección de terceras personas, particularmente con la obstrucción de vialidades para privilegiar que las personas cochistas puedan seguir su camino; es decir, no quieren caos y, en el caso de Pachuca, mucho menos frente a la feria. Proteger la propiedad privada catalogando al grafiti y al rompimiento de ventanas y puertas —al igual que a las acciones de respuesta a las agresiones físicas o verbales de las autoridades— como violencia.

Las reacciones violentas por parte de las autoridades buscan también generar temor en las demás personas, de tal forma que nadie se sienta segura de participar en ellas y eso desincentive la participación.

La protesta nunca debe ser leída de forma aislada, todas sus manifestaciones tienen un origen anterior, en el que la mayoría de las veces las autoridades han sido omisas o deficientes frente a esa problemática mayor que nos impacta a todas las personas. No olvidemos eso, no olvidemos que en estas protestas legítimas hay personas poniendo el cuerpo por un bien mayor para todos y condenamos la represión; ya que no estamos con ellxs tomando las calles, lo mínimo que podemos hacer es apoyar de otras formas.

crs

Banner Entretenimiento