Originario de Zempoala, el productor de 54 años aprendió desde pequeño a recolectar aguamiel y elaborar pulque; desde hace 16 años se dedica también a preparar curados de frutas naturales, un oficio que ahora comparte con sus hijos.
Desde las tres de la mañana comienza la jornada de Cirilo Corona Estrada, un productor de pulque originario del municipio de Zempoala, Hidalgo, quien a sus 54 años continúa con una tradición que aprendió durante su infancia y que actualmente representa su principal fuente de ingresos.
Entre la recolección de aguamiel, el raspado de magueyes y la elaboración de curados, Cirilo dedica gran parte de sus días a mantener vivo uno de los oficios más representativos de la cultura hidalguense, que también ha transmitido a sus hijos.
“Yo lo traigo desde niño. Soy hijo del maguey”, expresó al recordar que su acercamiento con esta actividad comenzó cuando era pequeño y se escapaba de sus padres para acompañar a sus tíos al campo, donde aprendió a recolectar el aguamiel.
El productor explicó que su padre también tenía conocimientos sobre la elaboración del pulque, aunque no se dedicaba permanentemente a esta actividad, debido a que realizaba otros trabajos relacionados con la producción del maguey.
“Desde niño me escapaba yo de mis papás para irme con los tíos a recolectar el aguamiel”, recordó durante una entrevista, en la que destacó que su familia fue fundamental para adquirir los conocimientos que actualmente utiliza.
Detalló que su padre se dedicaba principalmente a extraer hijuelos, es decir, los brotes que nacen alrededor de la planta y permiten su reproducción, por lo que el maguey siempre estuvo presente en su entorno familiar.
Aunque prácticamente toda su vida ha estado relacionada con la producción de pulque, fue hace 16 años cuando comenzó a especializarse en la elaboración de curados, una actividad que le permitió ampliar la variedad de bebidas que ofrece a sus consumidores.
Bajo el nombre de Curados Corona, el productor comercializa preparaciones elaboradas con pulque e ingredientes naturales, principalmente frutas de temporada, con las que busca conservar el sabor tradicional de esta bebida.
“Mi pulque es natural, frutas naturales, todo natural”, aseguró al explicar que una de las principales características de sus productos es que utiliza ingredientes naturales durante su preparación.
Sobre la variedad de sabores que ofrece, señaló que trabaja con prácticamente todas las frutas disponibles en el mercado, por lo que su oferta cambia dependiendo de la temporada.
Al ser cuestionado sobre cuál es el curado más solicitado por sus clientes, respondió que todos tienen buena aceptación, pues cada consumidor tiene sus preferencias y existe una amplia variedad de combinaciones.
Sin embargo, explicó que detrás de cada preparación existe un proceso que requiere tiempo y dedicación, desde la obtención de la materia prima hasta la elaboración de las bebidas que posteriormente comercializa en ferias y otros espacios de venta.
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Jornadas que comienzan de madrugada
Para Cirilo Corona, dedicarse a la producción de pulque implica levantarse antes del amanecer, especialmente cuando tiene que participar en alguna feria o jornada de comercialización.
Relató que durante estos días comienza sus actividades a las tres de la mañana, horario en el que inicia la preparación de los curados para posteriormente trasladarse al campo y realizar la extracción del aguamiel.
“Cuando me toca trabajar, en vendimias, a las tres de la mañana”, compartió al describir su rutina diaria.
Explicó que después de dedicar un tiempo a la preparación de las bebidas, alrededor de las 3:30 o cuatro de la mañana continúa con el raspado de los magueyes y la recolección del aguamiel, actividades fundamentales para obtener el líquido con el que se elabora el pulque.
Estas labores pueden requerir entre una hora y media y dos horas, dependiendo de las condiciones en las que se realice el trabajo y de la cantidad de magueyes que deba atender.
Indicó que únicamente la preparación de los curados puede llevarle entre dos horas y media y tres horas, aunque el tiempo total de trabajo es mucho mayor cuando se consideran las tareas de campo, el traslado y la atención a los consumidores.
En ese sentido, explicó que sus horarios no son fijos, pues dependen principalmente de las ferias y de los lugares donde se instala para ofrecer sus productos.
Como ejemplo, mencionó que durante una de sus jornadas llegó al espacio de comercialización desde las 7:15 de la mañana, mientras que en otros eventos ha permanecido trabajando hasta las diez de la noche.
“Va a depender de las ferias”, señaló al explicar que hay ocasiones en las que debe permanecer durante varias horas atendiendo a las personas que se acercan a comprar sus bebidas.
Pese a las largas jornadas, aseguró que continúa dedicándose a esta actividad, debido a que representa su único trabajo y constituye una tradición que ha formado parte de su vida desde hace décadas.
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El oficio continúa con sus hijos
Además de mantener los conocimientos que adquirió de su padre y sus tíos, Cirilo Corona destacó que esta actividad también forma parte de la vida de sus hijos, quienes participan en las labores relacionadas con la elaboración y comercialización del pulque.
De esta manera, el conocimiento sobre el aprovechamiento del maguey y la preparación de curados ha pasado de una generación a otra dentro de su familia.
Durante la entrevista, recordó la importancia de no descuidar a sus compradores, pues las ventas forman parte esencial de su sustento diario.
Su historia refleja el trabajo que realizan los productores tradicionales para conservar la elaboración del pulque, una bebida de origen prehispánico que permanece vinculada con la identidad cultural, gastronómica y agrícola de diferentes municipios de Hidalgo.
En particular, Zempoala forma parte de las regiones donde el aprovechamiento del maguey ha sido una actividad transmitida entre generaciones, tanto para la obtención de aguamiel como para la producción de pulque.
A través de Curados Corona, Cirilo mantiene vigente esta tradición y demuestra que detrás de cada bebida existe un proceso que comienza en el campo, mucho antes de llegar a las manos de los consumidores.
A sus 54 años, el productor continúa levantándose de madrugada para trabajar el maguey, preparar sus curados y participar en ferias, convencido de que este oficio, aprendido durante su infancia, sigue siendo parte fundamental de su vida y del legado que comparte con sus hijos.
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