Enrique Rivas columna Vozquetinta

Enrique Rivas

Aforismos para el moderno zoon politikón

«Nunca, por fortuna, cedí al canto de sirenas de ocupar un cargo político. No habría sabido en qué lóbrega cárcel encerrar después a mi conciencia.»

Enrique Rivas Paniagua
Agosto 3, 2025

Leí El príncipe, de Nicolás Maquiavelo, por obligación escolar. Lo pidió como tarea Enrique González Pedrero, a la sazón director de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, pero en su papel de profesor de una materia de rimbombante título: “Historia de las ideas políticas y sociales modernas, de Maquiavelo a nuestros días”. Hace poco exhumé mi ejemplar del libro (aquella edición enriquecida con apostillas de Napoleón Bonaparte, impresa por la colección Austral), volví a leer algunos capítulos y, sobre la marcha, a la usanza napoleónica, me puse a escribir en hojas de reúso mis propios aforismos. Aquí van:

  • «Como cualquier actividad humana, el arte de la política evoluciona y se trasforma. Lo que permanece son sus monólogos, siempre llamándolos diálogos con el pueblo.»
  • «¿Tienes por meta ser políticamente correcto? Santifica tus incorrecciones políticas y, después, dogmatízalas en leyes.»
  • «Una liga puede estirarse al máximo cuando se trata de culpar de todos los males políticos al pasado. Estaría bien, en consecuencia, crear por decreto una nueva paraestatal, denominarla Ligamex y designar como gerente de ella a un exgobernador, para reponer las ligas que el exceso de uso vaya desgastando o sustituirlas por otras más estirables.»
  • «Un buen político manda grabar en su escudo heráldico una buena divisa. La moda actual impone la de ‘Polariza y vencerás’, por breve, rotunda y de eficacia comprobada.»
  • «Cada arenga política ha de sustentarse en la audacia. Si se le añaden sobredosis de lenguaje agresivo y descalificación a quienes no piensen de igual manera, el discurso quedará redondo.»
  • «Las estadísticas, reza cierto refrán, suelen tener mucho de sofísticas. Conviene al político, pues, oponerlas con la lógica incomprobable de que él posee otros datos, sin decir cuáles son y de qué manga los extrajo.»
  • «Ser austero es una virtud ejemplar. Desde luego, pregonar austeridad y no ejercerla conlleva el riesgo político de caer algún día del mecate; más aquello de ‘Sí, pero lo viajado, ¿quién me lo quita?’ resulta un magnífico pretexto para correr el albur.»
  • «Entre las anécdotas más significativas de nuestra rica historia política se encuentra la contestación dada por un cacique de la vieja guardia a quien le preguntaron qué entendía por moral: ‘Pues un árbol que da moras’. Todo político moderno debe enmarcar esta perla en un cuadro y decorar con él la pared de su lujosa oficina.»

¡Aaah, lo que desencadenó mi relectura de una obra clásica de la literatura política! Y ahora, a guisa de colofón, cierro este ejercicio lúdico-irónico-aforístico con la siguiente sentencia, la única que me atreví a escribir en primerísima persona del singular: «Nunca, por fortuna, cedí al canto de sirenas de ocupar un cargo político. No habría sabido en qué lóbrega cárcel encerrar después a mi conciencia.»

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