En un hipotético encuentro del Manco de Lepanto y el Cisne de Avon, recreado por la pluma de Jesús Ruiz Mantilla (El encuentro, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2020), se desarrolla el siguiente diálogo:
Donde creo, dice Shakespeare, que ambos debemos marcar la diferencia es en un aspecto crucial sobre el que no estoy convencido de que muchos actúen conscientemente. Cervantes pregunta: ¿Cuál?
El británico responde: En el debido cuidado a nuestra propia lengua. Si pertenecemos a dos naciones que ambicionan expandirse por el mundo, ¿no se ha planteado usted la responsabilidad que nos debe llevar a explorar la belleza de nuestros propios idiomas? Tenemos ahora el deber de colocarnos a la altura de nuestra admirada Italia en lo que a las artes concierne.
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Coincido con usted, le contesta don Miguel, en elevar la música que nuestras respectivas lenguas contuvieran, pero no sin desatender el oído de los burdeles, la calle, las tabernas y los pleitos que a nuestro encuentro salgan. Es ahí donde su riqueza mutante nos reta y nos requiere. Por eso conviene en cada parada del camino levantar acta de las cuitas que se nos vayan presentando. De discusiones y murmullos. Se impone proceder notarialmente a los giros de cada gremio, incluidas las tretas que se gastan en la delincuencia y los bajos fondos.
Ciertamente, afirma el español. Sin esa intención andamos perdidos. Nuestro papel debe acompañar, entender, explorar en complicidad. Pero tampoco debemos pasar por alto las señales que nos llegan de lo más hondo. Es en ese diálogo entre voces interiores y exteriores donde anda el intríngulis.
La Organización de las Naciones Unidas, ONU, ha hecho coincidir ambos personajes de la literatura universal el 23 de abril, al dedicarlo a celebrar cada año la Lengua Inglesa y el Idioma Español. Es el caso de ser para el autor de Hamlet y el del Quijote., la de sus respectivos fallecimientos en 1616.
La motivación en ambos casos es su importancia. La del inglés, observa la ONU, radica en ser uno de los idiomas de la comunicación internacional, mediante el cual las personas de diferentes países y culturas son más capaces de comunicarse sin ser su primer idioma. Junto con el francés es uno de sus idiomas de trabajo.
El del español es “para concienciar al personal de la Organización, y al mundo en general acerca de la historia, la cultura y el uso del español como idioma oficial.” Además, a partir de 2013 cuenta con el Grupo de Amigos del Español, fundado por los veinte Estados miembros de habla hispana “para coordinar y realizar actividades dirigidas a promocionar el uso y la difusión del español en la labor de la ONU.”
Dos datos publicitados por la ONU muestran la importancia de nuestro idioma: es la segunda lengua del mundo por número de habitantes nativos; somos el país hispanohablante más grande del planeta. Y, el español es el tercer idioma más usado en Internet y el segundo en grandes plataformas digitales.
José María Merino y Álex Grijelmo reunieron 16 ensayos, y los suyos, en Más de 555 millones podemos leer este libro sin traducción. La fuerza del español y cómo defenderla. (Taurus, Barcelona, 2019). En las primeras líneas sobre la edición advierten: “La lengua española es una y muchas al mismo tiempo, cobija más de 555 millones de personas capaces de comunicarse entre ellas sin dificultades, pero sus numerosas variaciones la hacen local, rica y viva.”
Para Merino la historia de nuestra lengua, a lo largo de tantos avatares y mudanzas en el tiempo y el espacio, tiene mucho de notable aventura, desde sus orígenes latinos por la expansión del Imperio Romano, como del Imperio español, expandido también para quedarse, razón de la herencia de muchos pueblos de “esto que llamamos el español.”
Fernando Herrero, publicista, está entre los autores. A un par del Día del Idioma Español, comparto una interesante reflexión en su texto Compre nuestro idioma. La invasión del inglés en la publicidad y en la comunicación ordinaria:
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El inglés, advierte, se ha metido en el mundo de la comunicación comercial y ahora es difícil pararle los pies. Se pregunta si debemos hacerlo, cuando es fundamental, y si no lo manejamos nos perdemos muchas cosas importantes. No lo considera nuestro enemigo e importa al crecimiento intelectual y profesional; pero ve un abuso en su utilización sin motivo.
Ahora, cuando parece moda hablar de soberanía, sumemos al tema el uso cotidiano de nuestra lengua para privilegiarlo, y la asimilación de otras imprescindibles a las actividades económicas, profesionales y culturales: vivamos el español.
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