Columna Adogma

Mauricio Sosa

Violencia de género y sexualidad

La sexualidad de los hombres es uno de los ámbitos en donde se puede llegar a manifestar el machismo de manera muy puntual. En el ejercicio del erotismo y los vínculos afectivos podemos observar conductas de los varones poco saludables, tanto para ellos y sobre todo para las mujeres.

Mauricio Sosa Ocaña
Febrero 27, 2026

La sexualidad de los hombres es uno de los ámbitos en donde se puede llegar a manifestar el machismo de manera muy puntual. En el ejercicio del erotismo y los vínculos afectivos podemos observar conductas de los varones poco saludables, tanto para ellos y sobre todo para las mujeres.

Pensemos en ejemplos. Una pareja heterosexual decide tener una reunión con otras amistades y pasar una velada de charla y convivencia. El encuentro se alarga hasta la madrugada, lo cual genera incomodidad de una de las partes, por el desvelo. Sin embargo, la comunicación del malestar no es nada asertivo y deviene en una discusión entre la pareja, con “gritos y sombrerazos”.

Otra pareja, ésta del mismo sexo, decide hacer un viaje por vacaciones. Durante la travesía en los parajes turísticos y las largas caminatas, uno de ellos experimenta cansancio, hambre, malestar, lo que se traduce en una desavenencia en la pareja al no encontrar la fórmula equilibrada para comunicarse, atender las necesidades y disfrutar el paseo.

Es conocido que el machismo está presente en los detalles. En esos momentos fugaces de nuestra vida diaria que llamamos cotidianidad. Desde la construcción estereotipada del ser hombre nos hemos dotado de respuestas armadas como ser quienes resolvemos problemas, tener respuestas a todo, resistir incomodidades, templanza ante la incertidumbre.

Asumir que los hombres desarrollamos habilidades para conducirnos con total balance y moralidad ante las pasiones o vicisitudes, es una falacia. En todo caso, el modelo mercantil y socioeconómico que nos gobierna desde hace décadas nos ha hecho creer que los hombres tenemos respuesta para todo, al mismo tiempo que nos enfrenta a la precariedad, la opresión y la competencia.

Las estadísticas sobre violencia de género señalan a los hombres como sus mayores ejecutores. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2024) documentó que 52.1% de mujeres y 57.0% de hombres víctimas de ciberacoso, identificaron a hombres como sus agresores.

La sexualidad masculina, en tanto conjunto de ideas, conductas, expresiones, formas de convivir y manifestar nuestro erotismo y establecer vínculos amorosos, está cargada de distorsiones de género. Algunas son creer en la pasividad de las mujeres, en la “proactividad” varonil; en la “toma territorial” de los cuerpos femeninos para estar cerca de ellas. El silencio y el desprecio masculino como castigo a la autonomía e independencia de las mujeres.

Dirigir el malestar masculino hacia las mujeres, como forma de ejercer el poder y considerarlo una alternativa para las relaciones afectivas, es violencia de género. Lo es porque el enojo machista busca sobreponer al varón sobre las mujeres, en un acto de opresión.

Es decir, el hombre molesto, infantiliza a su pareja, la mira como menor, pretende dirigirla y reeducarla, porque la considera incapaz de entenderlo, lo cual es violencia de género. Ésta puede mitigarse al educar de manera integral a los hombres en sexualidad, para comprender que podemos ser equitativos y respetuosos para manifestar nuestro malestar.

crs