“Narcisista”, “egocéntrico”, “autoritario”, “plutócrata”, “ruin”, “codicioso”, “camorrista”, “bravucón”, “extorsionador”, “vengativo”, “insaciable”, “denigrador”, “vil”, “chantajista”, “insultante”, “soez”, “majadero”, “loco”, “soberbio”, “voluble”, “gandalla”, “patán” y un largo etcétera, más vasto conforme pasan los días.
Nunca, al menos después de la Segunda Guerra Mundial, se le habían endilgado tantas perlas descalificativas al gobernante en funciones de cualquier país, como al estadunidense Donald Trump, por otro nombre Bullying Trump o Trumping Bull, como cada quien prefiera llamarlo. El señor del copete agresivo, la trumpa parada, el rictus de altivez, los ojos de pistola, las manazas peleoneras, la firma rimbombante. El migrofóbico, el ufano del ICE, el dolido porque no premiaron sus golpizas pacificadoras. El acosador, el solapador, el incitador a la violencia, fichado, pero hasta ahora impune.
Tiene al mundo en tensión, sometiéndolo a sus caprichos retóricos y valiéndole gorro los estorbosos conceptos de diplomacia, derecho internacional, soberanía o simple y llano respeto. El sentido común es el menos común de sus vanidosos sentidos. Se regodea en ser noticia diaria, lo mismo desde la Oficina Oval de la Casa Blanca, flanqueado por trumpólatras igual o peor de peligrosos, que desde el pasillo de entrada a su avión presidencial, frente a un enjambre de grabadoras y filmadoras periodísticas a modo. Y en todos los casos, dizque ocultos bajo la manga, sus compulsivos ases electorales.
Venezuela, Groenlandia, Canadá… También, faltaba más y sobraba menos, nuestro vapuleado México. ¿Qué hacer con la vecina nación, aquella que está south of the border, sino pisarle los talones, ponerla entre las cuerdas, amedrentarla? Al cabo a él y sus prácticas terroristas le importa un bledo el T-MEC. Todo sea por la geopolítica, cuantimás si a ésta le impone su salvaje mesianismo.
A los adjetivos enlistados en el primer párrafo, mismos que recogí de fuentes impresas y redes sociales, yo añadiría otro de mi cosecha: magalómano, por aquello del MAGA (Make American Great Again), eco delirante de aquel expansivo movimiento yanqui del siglo XIX, el MD (Manifest Destiny), que nos costó perder más de la mitad de nuestro territorio. Incluso, tomaría el apellido de su adalid para convertirlo en verbo: to trump, aplicable a frases como «I trump you» (‘Yo te trompeo’, equivalente perfecto del innoble ‘Yo te acoso’, o mejor: ‘Yo te jodo’). Para sentarnos a llorar en un chayote.
Sigue nuestro CANAL ¡La Jornada Hidalgo está en WhatsApp! Únete y recibe la información más relevante del día en tu dispositivo móvil.

/https://wp.lajornada-hidalgo.prod.andes.news/wp-content/uploads/2022/01/ENRIQUE-RIVAS-PANIAGUA-WEB.jpg)