Enrique Rivas columna Vozquetinta

Enrique Rivas

“Su maldito idioma”

Vozquetinta

Enrique Rivas Paniagua
Marzo 15, 2026

Así tachó Trump a nuestra lengua hace unos días. Lo hizo frente una docena de mandatarios subcontinentales y caribeños, tapetes del intervencionista programa Escudo de las Américas, quienes fingieron demencia ante tamaño agravio o —como el argentino Javier Milei— hasta pidieron perdón por no hablar en inglés durante la reunión. Fue una más de las estrategias de guerra del republicano, en este caso lingüística, versión ampliada de aquel absurdo cambio de nombre al golfo de México que quiso imponer el año pasado.

¿Qué puede esperarse de un presidente altanero que, horas después, ni siquiera por respeto se quitó la gorra en la ceremonia de homenaje a sus propios soldados caídos en Irán? Ni asomo de pudor, menos de fingida diplomacia con sus colegas hemisféricos, forzándolos a concurrir a ese cónclave realizado en Florida (una de las entidades, dicho sea de paso, con más hispanohablantes de Estados Unidos). Y encima, envalentonado por lo aplaudidores que estuvieron, humillándoles su idioma natal, so pretexto de que no tiene tiempo (ni pizca de interés) para aprenderlo. Actitud peor de insultante, imposible.

Con un manotazo idiomático, maldecido mediante un adjetivo muy yanqui y como prueba de la chifladura de poder que padece, Trump arrojó a la basura milenios de historia comunicativa, enraizada en lo latino, lo griego, lo europeo, lo indígena mesoamericano, lo criollo latinoamericano. Pisoteó de refilón a Cervantes, a Sor Juana, a Lorca, a Borges, a Paz, a García Márquez, a Rulfo. Nos insultó a millones de seres que hacemos del castellano una orgullosa herramienta diaria del pensamiento, la oralidad y la escritura. Todo, como siempre en él, impune. ¿No habrá alguien que se atreva a llevarlo a un tribunal donde se le juzgue por intento de asesinato a la lengua española?

Arrebato con sorna, además. El tono de mofa con que lo dijo reafirmó su patanidad y su racismo. Fue una burla también para la ciudadanía bilingüe —entre ella, por supuesto, la chicana— asentada en la nación que dizque gobierna. Al trote que va, no me sorprendería mañana o pasado que emitiera una de sus famosas “órdenes ejecutivas” para prohibir el uso de cualquier palabra ajena al inglés, o para rebautizar Red-colored al estado de Colorado, Flowered al de Florida, Snowy al de Nevada y, como cereza del pastel toponímico, New America al de New Mexico.

¡Salve, idioma nuestro, tan incomparable con el del gringo en eufonía, expresividad, galanura, riqueza de vocabulario, ductilidad constructiva, apertura para incorporar y, desde luego, castellanizar vocablos extranjeros! Aquí va mi granito de Vozquetinta para defenderte cada semana.

Cuando leí la nota informativa de la bravuconada de Trump, no sólo me revolvió el estómago, sino que me hizo recordar el lenguaje de las tiras cómicas de Walt Disney que leía cuando fui niño. Ahora, sin embargo, en lugar de las exóticas interjecciones «¡Cáspita!», «¡Córcholis!» o «¡Zambomba!» (que nadie en todo México usábamos), la nueva caricatura trumpiana remataba con un grosero, denigrante, despótico exabrupto: «I won’t learn your damn language!».

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