Sarampión: la enfermedad que creíamos erradicada regresa por descuido

Sarampión: la enfermedad que creíamos erradicada regresa por descuido

En Hidalgo, el dato de siete casos debería ser una alerta temprana, no un número para minimizar.

Jorge G. Correa
Enero 29, 2026

Los seres humanos tenemos una habilidad inquietante: olvidar los principios básicos que alguna vez nos dieron seguridad y, años después, tener que reaprenderlos de la peor manera. Eso es exactamente lo que hoy está ocurriendo con la vacunación.

Durante décadas, las campañas de inmunización fueron una prioridad del Estado. Brigadas de salud recorrían casa por casa y, en radio y televisión, se repetían mensajes claros: vacunar era una obligación colectiva. No era un debate ideológico ni una moda; era una política pública sostenida que permitió erradicar o mantener bajo control enfermedades que antes marcaban la vida cotidiana.

Hoy, ese consenso se ha ido diluyendo.

En Hidalgo ya se registran siete casos de sarampión, y a nivel nacional se han confirmado 6,430 casos, con un foco principal en Chihuahua, donde se concentran 4,493 contagios. Le siguen Jalisco (663), Michoacán (246), Guerrero (243) y Chiapas (212). No se trata de cifras menores ni de un fenómeno aislado: es una señal clara de que algo se rompió en la cadena de prevención.

Los grupos más afectados también dicen mucho. La población vulnerable se concentra principalmente en niños de 0 a 4 años, seguida por jóvenes de 25 a 29 años. Es decir, quienes dependen directamente de la responsabilidad de los adultos o quienes crecieron en una etapa donde la cobertura ya no fue tan sólida como antes.

Lo más preocupante es que el sarampión no es una enfermedad nueva ni desconocida. Tiene vacuna, tiene tratamiento y tiene un historial claro de control cuando existe cobertura suficiente. Que hoy vuelva a circular no es producto del azar, sino de una combinación de descuido institucional, desinformación y una peligrosa normalización de la omisión.

Durante años se construyó la idea de que las enfermedades prevenibles ya no eran un problema. Se bajó la guardia, se redujo la intensidad de las campañas y se permitió que discursos sin sustento científico ganaran espacio en redes sociales. El resultado está a la vista: regresan padecimientos que ya estaban bajo control.

En Hidalgo, el dato de siete casos debería ser una alerta temprana, no un número para minimizar. Porque si algo enseña la historia sanitaria es que los brotes pequeños crecen rápido cuando no se actúa a tiempo. La prevención siempre es menos costosa que la emergencia.

Vacunar no es solo un acto individual. Es una decisión que impacta a toda la comunidad. Cuando una persona no se vacuna, no solo se expone ella, también abre la puerta para que el virus encuentre nuevos caminos.

Tal vez este sea el momento incómodo en el que tengamos que aceptar que retrocedimos. Que dimos por hecho conquistas que requerían mantenimiento constante. Y que la salud pública no se sostiene sola: necesita políticas activas, información clara y compromiso social.

Reaprender lo que ya sabíamos no debería ser tan caro. Pero lo será si seguimos creyendo que las vacunas son opcionales y la prevención un asunto menor.