Salinas Pliego y el miedo al voto popular

Salinas Pliego y el miedo al voto popular

ALAMEDA

Redacción
Marzo 31, 2026

Por: Dino Madrid

Ricardo Salinas Pliego propusó que las personas que reciben programas sociales no deberían poder votar. La declaración no fue un desliz, sino una confesión. Porque detrás de esa idea hay una ideología muy peligrosa: el populismo de derechas. Ese que no moviliza al pueblo contra las élites, sino a las élites contra el pueblo. Ese que no defiende la democracia, sino que la considera un obstáculo.

La propuesta no es nueva. Es la vieja doctrina del voto censitario, esa que en el siglo XIX reservaba el sufragio solo para quienes tenían propiedades. La misma que justificaba la exclusión de mujeres, trabajadores y pueblos originarios. La historia de la democracia es la lucha por derribar esas barreras. Y ahora un multimillonario mexicano quiere reconstruirlas.

La lógica es perversa pero coherente. Si quienes reciben apoyos no pueden votar, el electorado quedaría compuesto por clases medias y altas. Por quienes menos necesitan al Estado. En ese escenario, los programas sociales desaparecerían porque sus beneficiarios ya no tendrían voz política. Y sin voz política, no hay derechos.

Salinas Pliego no propone esto porque crea que los beneficiarios son incapaces de razonar. Lo propone porque sabe que votan en contra de sus intereses como empresario. Porque quien recibe una beca o pensión entiende que el gobierno puede mejorar su vida. Y eso lo vuelve un elector peligroso para quienes viven de explotar mano de obra barata y evadir impuestos.

Llamémoslo por su nombre: populismo autoritario de derechas. Defensa brutal de privilegios disfrazada de discurso meritocrático. La fantasía de que los ricos son ricos porque se lo merecen y los pobres son pobres porque no se esfuerzan.

Lo irónico es que Salinas Pliego habla como si él no recibiera nada del Estado. Como si su imperio no se hubiera construido sobre concesiones, rescates bancarios y condonaciones fiscales. Como si Elektra no dependiera de explotar la pobreza financiera de millones. Como si TV Azteca no operara con una concesión otorgada por el Estado. Pero claro, esos no son “programas sociales”. Esos son “incentivos a la inversión”.

El núcleo del asunto, el populismo de derechas no quiere menos Estado. Quiere un Estado que solo sirva a los de arriba. Que subsidie empresas pero no personas. Que rescate bancos pero no familias. Que proteja la propiedad privada pero no garantice derechos sociales.

La historia enseña que cuando las élites pierden control político, intentan reducir quién cuenta como ciudadano. Lo hicieron con las mujeres, con los trabajadores, con los indígenas. Y ahora, en pleno siglo XXI, un empresario mexicano lo propone con los beneficiarios de programas sociales.

Pero Salinas Pliego no entiende algo fundamental, la democracia no es un sistema eficiente para proteger los intereses de los ricos. Es un sistema que obliga a negociar con quienes no tienen poder económico. Y eso es lo que la vuelve valiosa. Porque sin democracia, lo único que queda es la ley del más fuerte. Y entonces los de abajo dejan de pedir y empiezan a tomar.

La propuesta de Salinas Pliego no es solo antidemocrática. Es profundamente estúpida políticamente. Porque lo único que sostiene la paz social en un país desigual es la posibilidad de que los de abajo puedan cambiar su situación sin violencia. Y esa posibilidad se llama voto. Quitárselo no resuelve nada, solo acumula resentimiento y prepara rupturas que ningún empresario, por rico que sea, puede controlar.

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