Sin Protocolo

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Relocalización de viviendas: la letra chica del programa que sí importa

SIN PROTOCOLO

Jorge G. Correa
Julio 21, 2026

La SEDATU ya lo dijo con solemnidad de comunicado oficial: la relocalización de viviendas entra en su “fase final”. Suena a triunfo, a línea de meta. La realidad, como casi siempre, es más terca y más lenta.

Vamos a los números, que son los que no mienten. El levantamiento inicial arrojó un padrón de 2,866 viviendas ubicadas en polígonos de riesgo. Pero de esas, hoy solo 2,390 se sostienen como posibles beneficiarias, sujetas todavía a revisión técnica y normativa. La diferencia —casi 500 familias— no es un detalle administrativo: es gente que estuvo en una lista y ahora no sabe si sigue estando.

De esas 2,390, hay un dato que merece subrayarse: 476 viviendas podrían construirse en suelo propio, vía la Comisión Nacional de Vivienda, con un monto aproximado de 500 mil pesos. Para el resto, el de apoyo directo, el monto todavía “se está definiendo”. Traducción: no hay cifra. Y cuando no hay cifra, hay margen para que la promesa se estire hasta donde convenga.

La geografía de Hidalgo tampoco ayuda. Entre la Huasteca y la sierra, encontrar suelo útil para reubicar a cientos de familias no es tarea de escritorio, y el gobierno estatal lo reconoce: tuvieron que armar un esquema a modo, adaptado a un territorio que no perdona.

Lo que sí arranca ya, en la última semana de julio, son las asambleas informativas con los beneficiarios que cumplen los tres candados: identificación en territorio, validación de Protección Civil municipal y validación de Protección Civil estatal. Sin esos dos sellos, no hay apoyo. Y sin aceptar la relocalización —es decir, sin comprometerse a no regresar a la zona de riesgo—, tampoco.

Ahí está el fondo del asunto. No es solo un programa de vivienda: es pedirle a una familia que abandone, por escrito y en definitiva, el lugar donde ha vivido, a cambio de un monto que en algunos casos ya se conoce y en otros sigue siendo una incógnita. La prioridad discursiva es sacar a la gente de zonas de riesgo. La prioridad real, para que el programa no se quede en promesa de trienio, es que esas cifras —los montos pendientes, los criterios de validación, los tiempos de entrega— dejen de ser información en construcción y se conviertan en compromisos con fecha.

Las próximas semanas dirán si Hidalgo relocaliza familias o si solo relocaliza expectativas.

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