DANIEL-FRAGOSO-EL SURTIDOR

Daniel Fragoso Torres

Preferiría no hacerlo

El Surtidor

Daniel Fragoso
Marzo 8, 2026

El concepto de “imposibilidad” en el trabajo cotidiano no se refiere estrictamente a una incapacidad física para realizar una tarea, sino a una parálisis existencial, psicológica o ética ante la exigencia de la productividad constante. Es la irrupción de una grieta en la maquinaria laboral donde el individuo, al no encontrar sentido o humanidad en su labor, experimenta una incapacidad de “hacer” que se traduce en una resistencia pasiva. Este fenómeno, magistralmente explorado en la literatura, encuentra su máxima expresión en la frase célebre de Herman Melville: “Preferiría no hacerlo”.

En el relato, antes mencionado, Bartleby, el escribiente (1853), el personaje titular es un copista en Wall Street que, ante las peticiones de su jefe de revisar documentos, responde con la enigmática frase: “I would prefer not to” (Preferiría no hacerlo). Bartleby no grita, no se rebela violentamente ni se queja; simplemente no obedece.

Analizado por autores como Gilles Deleuze o Giorgio Agamben, esta frase no es una simple negativa o pereza, sino una forma de nihilismo lúcido. Bartleby suspende la lógica del “hacer” capitalista, revelando la deshumanización de un trabajo mecánico y repetitivo. El “preferiría no” desmantela la voluntad del empleador sin ofrecer una alternativa, creando una “resistencia pasiva” que desconcierta y pone en jaque la autoridad jerárquica. Bartleby no dice “no quiero”, sino “preferiría no”, un giro lingüístico que separa la capacidad de actuar de la intención de hacerlo.

La imposibilidad en el trabajo del siglo XXI

Aunque el contexto de Bartleby era la burocracia del siglo XIX, su figura es más vigente que nunca. En el siglo XXI, la “imposibilidad de hacer” se manifiesta no solo en el rechazo, sino en el agotamiento extremo (Burnout) y la insatisfacción laboral, afectando al 44% de los trabajadores que se sienten indiferentes o insatisfechos con sus empleos.

El síndrome de Bartleby moderno se observa en empleados que, ante la presión excesiva, la falta de propósito o la precariedad laboral, inician una suerte de “renuncia silenciosa”. Es el trabajador que cumple con lo mínimo indispensable y, ante tareas extra, siente una imposibilidad emocional de realizarlas.

La cultura “just-in-time” y la inmediatez digital generan una saturación de tareas que lleva a un bloqueo cognitivo. La imposibilidad surge aquí cuando el ritmo de exigencia supera la capacidad humana de respuesta, llevando al presentismo (estar pero no producir).

La “imposibilidad” hoy suele estar ligada a trastornos de ansiedad o depresión derivados de la carga de trabajo excesiva. La frase de Bartleby se convierte así en un grito silencioso de auxilio ante entornos laborales tóxicos.

En el siglo XXI, la “imposibilidad” de hacer es a menudo el último refugio de la subjetividad ante la hiper-mecanización. Si bien Bartleby perece por su inacción, en el contexto moderno “preferiría no hacerlo” puede interpretarse como un intento de establecer límites personales frente a una cultura de la productividad diaria.

En conclusión, la imposibilidad de trabajar se ha transformado de una excentricidad literaria a un síntoma sistémico. La frase “preferiría no hacerlo” es la expresión cruda de la resistencia ante la deshumanización, observada hoy en el agotamiento mental, la renuncia silenciosa y la búsqueda de sentido en entornos laborales donde, a veces, la única forma de preservar el ser es detener el hacer.

Sigue nuestro CANAL ¡La Jornada Hidalgo está en WhatsApp! Únete y recibe la información más relevante del día en tu dispositivo móvil.