Empezar un año representa retos, nuevos proyectos, distintos deseos de vivir una vida mejor que la del año que recién despedimos. La noche vieja se aceleró en sus últimos minutos y segundos, en una especie de carrera cuesta abajo sobre una avalancha de cuatro ruedas y sin frenos.
Y el primero segundo del nuevo año se yergue sobre nosotros como una montaña a la que queremos subir. Queremos arribar a las nuevas colinas de una anualidad por descubrir, conocer parajes que nos aguardan durante los próximos doce meses, y ser testigos, protagonistas de nuestras vidas.
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En el recuento del pasado, como entonara Tony Camargo, no olvidamos el año viejo que nos trajo “cosas muy buenas”; quizás otras tristes, inesperadas, dolorosas. Todas las experiencias vividas suman a nuestras existencias y sin duda engrosan el hecho de vivir.
2026 inicia a media semana y para cuando las actividades retomen su curso normal estaremos ya a medio mes. La vida a prisa es una constante en la vida adulta, en la juventud y las niñeces atados a la conectividad de la tecnología, la inteligencia artificial y la algarabía de los festejos.
O quizás tenemos la vida acumulada y las experiencias que la edad nos permite traducir como paciencia. Lo tomamos con calma, casi sin sobresalto. Sabemos que viene de nuevo el ciclo de cada comienzo, otros cumpleaños más, otras primaveras florecerán las rosas y buganvilias.
Las próximas lluvias veraniegas nos esperan con la misma parsimonia que las hojas secas presienten el otoño, para dar paso al invierno. Tal vez para otras personas sean fechas nostálgicas, casi melancólicas.
En México, la diversidad de climas y regiones geográficas les dotan una particularidad a las festividades decembrinas. Desde el norte desértico, aquellas montañas tupidas de coníferas; ciudades con costas y clima frío, atravesando por el centro árido o boscoso. Aquellas regiones del pacífico que vieron la puesta del primer sol del nuevo año, después de habernos despertado desde el Golfo y el Caribe mexicanos.
En materia de igualdad y equidad de género hay pendientes en los cuales podemos abonar en nuestra vida cotidiana. Desde las palabras elegidas para hablar con nuestras hijas e hijos; la ropa y el significado que depositamos en los atuendos para diferenciarnos como personas.
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En el “balance de lo bueno y malo”, como dice Mecano, propongámonos en el caso de los varones, los hombres, intensificar el cambio de nuestros códigos de conducta con relación a lo que significar ser un hombre de verdad. Erradicar esta configuración que pondera la supuesta superioridad de los sexos, y la supuesta inferioridad de las mujeres, es uno de los primeros propósitos para este enero 2026.
De manera particular, intensificar ejercicios críticos para no anteponer la razón, el pensamiento “racional” a nuestras conductas. Porque el pensamiento racional es uno de las primeras formas de relacionarnos con las mujeres. Por ello, hago votos por un 2026 más equitativo entre mujeres y hombres.
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