Nombrar el abuso para salir del silencio

Lejos de quedarse en el diagnóstico, Relación de riesgo ofrece rutas de salida. El libro incluye ejercicios, test y reflexiones que convierten la lectura en una experiencia activa.

Nombrar el abuso para salir del silencio

Relación de riesgo, de Loretta Valle, se presenta como un testimonio y herramienta de comprensión ante la normalización de la violencia.

Alejandro Baillet
Enero 26, 2026

Hay libros que nacen de la urgencia y otros que se escriben desde la reparación. Relación de riesgo (Aguilar), de la escritora y especialista Loretta Valle, pertenece a ambas categorías.

“Es un volumen que se presenta como testimonio, manual y herramienta de comprensión profunda sobre los vínculos abusivos, pero también como una toma de posición cultural frente a décadas de normalización de la violencia.

“Este libro para mí es verdaderamente un tesoro muy especial… representa el libro que a mí me hubiera gustado leer hace 30 años”, dice la autora con una claridad que marca el tono de toda la obra.

Valle no escribe desde la distancia académica, sino desde una experiencia vital que atravesó su cuerpo y su mente durante 16 años.

“Yo viví una relación de riesgo, yo me casé con un psicópata. Estuve 16 años atrapada en esta relación”, afirma sin rodeos. El énfasis, sin embargo, no está puesto en el morbo ni en la confesión, sino en la comprensión del proceso que la mantuvo ahí durante tanto tiempo.

“En primer lugar, me costó muchísimo trabajo identificar que yo estaba en una relación de riesgo. Y después entender por qué estaba ahí y por qué no podía yo salir”.

Ese es uno de los ejes centrales del libro: desmontar la idea simplista de que una persona permanece en una relación violenta por debilidad o ignorancia. Para Valle, la permanencia está anclada a procesos psicológicos y neurobiológicos complejos que operan de manera invisible.

“Durante todos esos años yo sentía que sobrevivía la vida y que no la vivía. El despertarte con miedo, con angustia, con tristeza, con desesperación… te lleva a ir perdiendo las ganas de estar aquí poco a poco”, recuerda.

Uno de los aportes más relevantes de Relación de riesgo es la explicación detallada de lo que la autora llama “la neurociencia del enganche”. Valle describe un ciclo preciso que inicia con el refuerzo intermitente.

“Te doy, pero te quito; te amo, pero te odio; me alejo, pero me acerco”, explica. Ese vaivén emocional, lejos de ser anecdótico, genera una adicción similar a la de las sustancias. “La mente no le gusta tener estrés psicológico… cuando el rol amenazante castiga y luego recompensa, el cerebro entra en disonancia cognitiva”.

La autora ilustra este mecanismo con escenas cotidianas: un episodio de violencia seguido de flores, disculpas y promesas.

“Mi mente decide minimizar, evadir o negar el suceso para poder tener una supuesta congruencia”, relata. De ahí se pasa a la vinculación por trauma. “Como siento paz, mi cerebro lo traduce como algo bueno… entonces me vinculo más con mi agresor, pero no por amor, sino por el trauma que ya no estoy sintiendo en ese momento”.

El ciclo continúa con la dependencia emocional y culmina en la indefensión aprendida. “Cada vez voy a sentir que tengo menos recursos para poder salir de esa relación y vuelve a empezar el ciclo”, explica Valle. Nombrar estas etapas no es un ejercicio teórico, sino un acto de liberación. “Cuando entendemos esto, podemos saber que no estamos locas… y que lo que está pasando sí es real y tiene una explicación científica”.

Uno de los aciertos conceptuales del libro es el abandono deliberado del término “relación tóxica”. Para Valle, esa etiqueta ha sido trivializada.

“A mí no me gusta ese término porque ya lo han banalizado demasiado”, afirma. En su lugar propone “relación de riesgo”, una noción que devuelve gravedad al fenómeno. “Una relación de riesgo literalmente está poniendo en riesgo tu mundo físico, mental y emocional, y eso no es algo para jugar”.

Además, la autora amplía el concepto más allá de la pareja.

“Las relaciones de riesgo no nada más se dan en el plano sentimental, se dan con la mamá, con el papá, con el hijo adulto, con el jefe, en el ámbito religioso, político, y también con situaciones y cosas: la comida, la bebida, el trabajo, las redes sociales”, subraya.

La afirmación es contundente: “Quien diga que está libre de relaciones de riesgo está en un error. Todos hemos tenido alguna”.

Lejos de quedarse en el diagnóstico, Relación de riesgo ofrece rutas de salida. El libro incluye ejercicios, test y reflexiones que convierten la lectura en una experiencia activa.

“No es nada más un libro que leo, sino que realmente lo pongo en práctica”, señala la autora. En ese sentido, Valle lo define como un manual. “Te explica exactamente cómo funciona tu cerebro y qué es lo que te está pasando… cómo el dolor y las emociones afectan tu cuerpo”.

Otro de los pilares del texto es la pedagogía de las relaciones sanas. Valle insiste en que no basta con identificar el abuso; es necesario aprender a construir vínculos distintos.

“Los seres humanos tenemos tres necesidades básicas: sentido de pertenencia, conexión y amor”, explica. A partir de ahí propone cuatro pilares fundamentales: comunicación, respeto, conservación de la identidad y confianza, de los cuales se desprenden otros valores como la empatía.

Para facilitar esta lectura, la autora introduce la metáfora de las zonas: verde, amarilla y roja.

“La zona verde es la sana, la amarilla es de alerta y la roja es la del riesgo. Este esquema permite evaluar cualquier vínculo y trabajar en él antes de que cruce un umbral peligroso”, aclara la autora.

Valle insiste en que el libro no está dirigido únicamente a mujeres. “Hombres y mujeres deben leer este libro para comprender cómo deben manejar las relaciones”, afirma.

Desde su perspectiva, muchos hombres ejercen violencia sin identificarla como tal. “A lo mejor el no hablarle a tu esposa en todo el día también es violencia”, advierte. Leer el libro, dice, permite revisar conductas normalizadas y cuestionar certezas.

La dimensión preventiva ocupa un lugar central en la propuesta de la autora. Por eso considera fundamental que adolescentes y jóvenes se acerquen a este texto.

“La mejor medicina es la preventiva”, sostiene. Le preocupa especialmente recibir mensajes de chicas muy jóvenes que preguntan si ciertas conductas de control son abuso. “Mi novio no me deja ponerme minifalda. ¿Esto es violencia?”, le escriben.

Para Valle, la respuesta es clara: la violencia sigue profundamente normalizada.

En ese punto, el libro se convierte también en una crítica cultural.

“Estamos a muchísimos años de erradicar la violencia. Las canciones, los discursos y hasta el humor han contribuido a suavizar el problema. Ya es hasta para presumir: el tóxico, la tóxica. Pero hay que darle el peso que debe tener”.

Escribir Relación de riesgo fue, para la autora, un acto de reparación personal.

“Lo escribí pensando en la Loretta que me hubiera gustado que lo leyera hace 30 años”, confiesa. “A mí me hubiera encantado que alguien me dijera: te voy a ahorrar años de terapia”.

No se trata de sustituir el acompañamiento profesional, aclara, sino de acortar el camino hacia la toma de decisiones. “El entendimiento te da el poder de decidir y de actuar”.

El libro también cuestiona mandatos heredados: la idea del matrimonio para toda la vida, la obediencia femenina, la violencia como método educativo. “Esas creencias limitan y se deben de cambiar”, afirma Valle. Propone, en cambio, una ética de la elección. “Hay vocación de soltería, de pareja, de familia, y ninguna es buena o mala. Es como el helado: no es mejor el de vainilla que el de chocolate”.

En ese sentido, Relación de riesgo no solo interpela a quienes viven vínculos abusivos, sino a toda una sociedad que los reproduce. Leerlo, como sugiere la autora, es también una forma de aprender a acompañar.

“Si tienes una hermana en una relación de riesgo, la vas a poder comprender y ayudar, y no presionarla ni juzgarla”.

Con un lenguaje directo y una estructura pedagógica, el libro de Loretta Valle se inscribe en una literatura urgente que busca transformar la experiencia individual en conciencia colectiva.

Nombrar el abuso, entenderlo y desmontarlo es, en última instancia, una forma de recuperar la vida. Como insiste la autora, no se trata de culpa ni de debilidad, sino de comprender para poder salir.

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