- Por: Dino Madrid
Hay alianzas que nacen de la necesidad y se sostienen por conveniencia. La relación de morena con el Partido Verde y el PT pertenece a esa categoría. Funcionó cuando el objetivo era romper la hegemonía priista, cuando se necesitaban votos para alcanzar mayorías, cuando el adversario común era más grande que las diferencias internas. Pero hoy, con morena consolidándose como fuerza hegemónica, esos aliados transaccionales se han vuelto un problema político creciente. Entre más avanza el proyecto de la Cuarta Transformación, el PT y el Verde piden más de lo que ofrecen. Y eso, en algún punto, puede poner en riesgo temas mucho más trascendentales que la reforma electoral.
La lógica es simple. Cuando morena era oposición, cualquier aliado sumaba. Pero ahora que gobierna con mayorías, la ecuación cambió. El PT y el Verde ya no aportan lo que aportaban, no traen votos nuevos, no construyen militancia propia, no tienen proyecto político independiente. Lo que tienen es capacidad de chantaje legislativo. Y la están usando.
El caso de la reforma electoral es ilustrativo. Morena propone eliminar las listas plurinominales como las conocemos, reducir el financiamiento a partidos, bajar el costo de la democracia. Son medidas que la ciudadanía entiende como justas. Pero el PT y el Verde se resisten. ¿Por qué? Porque esas listas son su vía de supervivencia. Sin plurinominales, pierden curules. Sin financiamiento inflado, pierden capacidad operativa. Su negativa no es ideológica, es de supervivencia institucional. Y están dispuestos a bloquear una reforma progresista para proteger a sus burocracias doradas.
Pero el problema no termina ahí. Si morena cede en la reforma electoral para mantener la paz legislativa, sienta un precedente peligroso, que los aliados pueden vetar cualquier iniciativa que afecte sus intereses. Y vendrán reformas más importantes. La regulación de plataformas digitales. La reestructuración del sistema de pensiones. La reforma energética profunda. Temas donde el PT y el Verde también tendrán intereses que defender, vínculos que proteger, presiones que recibir. Si hoy pueden frenar una reforma de representación política, mañana podrán frenar reformas estructurales que definen el rumbo del país.
El Partido Verde es especialmente problemático. Creció 400% en municipios gobernados, controla gubernaturas, se posiciona como tercera fuerza nacional. Ya no es un aliado subordinado, es un competidor disfrazado de socio. Su crecimiento no responde a construcción ideológica ni a trabajo territorial propio, sino a aprovechar el arrastre electoral de morena mientras negocia con sectores empresariales y corporativos. Es un partido sin principios claros, sin proyecto de nación, sin militancia orgánica. Solo tiene pragmatismo electoral y capacidad de negociación legislativa.
El PT, por su parte, ha sido históricamente más leal al proyecto transformador, pero también funciona con lógica transaccional. Sus dirigencias exigen cuotas de poder, espacios en el Congreso, gobiernos municipales. Y cuando no obtienen lo que piden, amenazan con romper. No han roto porque saben que fuera de morena no tienen futuro, pero esa dependencia también los vuelve impredecibles. Un aliado sin alternativas es un aliado desesperado. Y la desesperación política genera decisiones erráticas.
Morena tiene que entender que gobernar con aliados transaccionales es gobernar con freno de mano. Cada iniciativa importante tendrá que pasar por el filtro de los intereses del PT y el Verde. Cada reforma estructural será objeto de negociación, de concesiones, de desgaste. Y en algún momento, morena tendrá que elegir entre avanzar en su proyecto transformador o mantener contenta a la alianza. No se puede hacer ambas cosas indefinidamente.
La pregunta estratégica es: ¿puede morena prescindir de ellos? Numéricamente, todavía los necesita para mantener la mayoría calificada. Pero políticamente, cada vez son más un lastre que un activo. Y si morena logra consolidar su estructura territorial, si mantiene su capacidad de movilización electoral, llegará el momento en que pueda caminar solo y ese momento ya se acerca.
Mientras tanto, la lección de la reforma electoral debe quedar clara, los aliados transaccionales cobran caro. Y entre más poder acumula morena, más caro cobran. Hoy es la reforma electoral. Mañana puede ser algo que realmente defina el futuro del país. Y cuando llegue ese momento, morena tendrá que decidir si sigue pagando el costo de la alianza o si construye las condiciones para gobernar sin hipotecas políticas. Porque transformar de verdad no se puede hacer con socios que solo están ahí por la renta.
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