Morena, la indisciplina y el mito de la hegemonía

Morena, la indisciplina y el mito de la hegemonía

ALAMEDA

Redacción
Marzo 3, 2026

Morena gana elecciones, pero pierde cohesión. Tiene mayoría calificada en el Congreso, pero no logra disciplina en sus filas. Controla la Presidencia y gran parte del territorio, pero convive con deserciones, desplantes públicos y aliados que actúan cada vez más como competidores. La pregunta no es si hay indisciplina —la hay, y es evidente—, sino por qué existe en un partido que muchos llaman hegemónico. La respuesta es incómoda, morena es mucho menos hegemónico de lo que parece. Y esa fragilidad estructural se está volviendo un problema político real.

Hay tres factores que explican este fenómeno, y todos apuntan a lo mismo, morena no construyó un partido con control institucional férreo, construyó un movimiento electoral exitoso pero poroso. La primera razón es simple: existen rutas alternativas al poder que no pasan por morena. El Partido Verde y el PT, que en teoría son aliados, se han convertido en plataformas autónomas de ascenso político. El Verde creció 400% en municipios gobernados, controla o influye en dos gubernaturas y es la tercera fuerza en el Congreso. El PT, aunque más modesto, también ofrece espacios a quienes no logran acomodarse en morena. Antes, en el PRI, la única vía al poder era el partido. Hoy, un político puede perder en morena y ganar con el Verde. Eso no es alianza, es competencia disfrazada.

La segunda razón tiene que ver con cómo morena elige candidatos. A diferencia del PRI, que premiaba lealtad y control territorial, morena premia la popularidad. Las encuestas deciden, y eso genera incentivos perversos, los políticos no compiten por ser los más disciplinados, sino los más visibles. Por eso vemos a figuras construyendo carreras públicas independientes, a veces en abierta tensión con la dirigencia. No es deslealtad, es racionalidad política. Si tu futuro depende de cuántos seguidores tengas, no de cuánta convicción, entonces construirás tu propia marca, tu propia base, tu propia narrativa. Morena no castiga eso; lo premia con candidaturas.

Y la tercera razón es la más reveladora, morena está perdiendo a nivel local. Gobierna solo el 40% de los municipios del país, y muchos de los que ganó los ha perdido en elecciones subsecuentes. ¿Por qué? Porque ganó con candidatos populares que resultaron malos gobernantes. La popularidad te lleva al cargo, pero no te enseña a gobernar. Y cuando un municipio se pierde, no solo se pierde territorio, se pierde credibilidad, se pierde militancia, se pierde futuro. Morena gana batallas electorales, pero no está consolidando hegemonía territorial.

El PRI logró ser hegemónico porque controló las candidaturas, monopolizó el acceso al poder y castigó la indisciplina con exclusión permanente. Morena no tiene ninguna de esas tres cosas. Y no las tiene porque nació como movimiento, no como máquina. Eso tiene ventajas, es más democrático, más flexible, más conectado con las bases. Pero también tiene costos, es más caótico, más vulnerable a las ambiciones individuales, más difícil de gobernar desde adentro.

La indisciplina en morena no es un accidente, es el resultado lógico de su diseño institucional. Y mientras el partido siga priorizando encuestas sobre lealtad, mientras el Verde y el PT sigan siendo opciones viables, mientras los municipios se sigan perdiendo por mala gestión, esa indisciplina no solo continuará, se profundizará. Eso no significa que morena vaya a colapsar, pero sí que su hegemonía es mucho más frágil de lo que parece desde afuera.

La pregunta ahora es si morena puede construir disciplina sin traicionar su origen democrático, o si está condenado a ser un gigante electoral con pies de barro. Porque en política, como en cualquier estructura de poder, no basta con ganar, hay que saber gobernar lo ganado. Y eso, hasta ahora, morena no lo ha resuelto de la mejor manera.

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MHO