Mencho, Calderón, Sheinbaum y la trampa de las falsas equivalencias

Mencho, Calderón, Sheinbaum y la trampa de las falsas equivalencias

ALAMEDA

Redacción
Febrero 24, 2026

Por: Dino Madrid

La oposición mexicana tiene un problema, le cuesta trabajo hacer política sin recurrir a la manipulación histórica. Tras el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, los mismos que aplaudieron la guerra de Calderón ahora quieren equiparar a Claudia Sheinbaum con el expresidente que dejó al país sumido en una espiral de violencia que aún no termina. La jugada es predecible, pero no por eso menos peligrosa, borrar contexto, igualar acciones y esperar que la memoria colectiva sea lo suficientemente frágil como para no recordar la diferencia entre una estrategia de seguridad y un golpe mediático disfrazado de valentía.

Lo que hizo Felipe Calderón en diciembre de 2006 no fue combatir al crimen organizado, fue lanzar al Ejército a las calles sin diagnóstico, sin estrategia de salida, sin coordinación institucional y, sobre todo, sin atender las causas estructurales que alimentan la violencia. Calderón no desarticuló al narco; lo fragmentó. No pacificó al país; lo incendió. Su “guerra contra el narcotráfico” fue, en realidad, una guerra contra la población civil que dejó más de 120 mil muertos en seis años, desapariciones masivas, militarización permanente y un Estado fallido en regiones enteras. Todo para legitimarse políticamente tras una elección cuestionada. Eso no es seguridad pública, es irresponsabilidad criminal vestida de doctrina.

Lo que ocurrió con “El Mencho” es radicalmente distinto. Fue producto de años de trabajo de inteligencia, coordinación entre instancias federales y estatales, y una estrategia que no comenzó ni termina con un operativo. Sheinbaum no salió a anunciar triunfos ni a posar con uniformes. No convirtió la captura en campaña publicitaria. No prometió que con esto se acabaría la violencia. Porque entiende algo que Calderón jamás quiso entender: que el crimen organizado no es un problema policial, es un problema estructural que requiere inteligencia, Estado presente y atención a las causas de fondo.

Y aquí está la diferencia clave, mientras Calderón desmanteló programas sociales y apostó todo a la fuerza, el gobierno de la Cuarta Transformación ha mantenido —incluso ampliado— las políticas de combate a la pobreza, acceso a educación, becas, jovenes construyendo el futuro y atención a las comunidades. Porque saben que no se puede combatir al narco sin combatir la desigualdad que lo alimenta. Scheinbaum no está repitiendo los errores de Calderón; está corrigiendo una estrategia que nunca debió existir.

Pero a la oposición no le interesa el matiz. Le interesa el titular. Le interesa la foto. Le interesa decir “Sheinbaum es igual que Calderón” para borrar de un plumazo las diferencias entre un proyecto que atiende causas estructurales y otro que solo administró cadáveres. Es una operación de propaganda que busca confundir a quienes no recuerdan o no vivieron aquellos años. Y es profundamente deshonesta.

Nadie niega que México sigue habiendo violencia. Nadie niega que queda mucho por hacer. Pero pretender que abatir a uno de los líderes criminales más peligrosos del mundo es lo mismo que desatar una guerra sin sentido es insultar la inteligencia ciudadana. La diferencia no está solo en el método, está en el proyecto de país. Calderón gobernó para conservar el poder; Sheinbaum gobierna para transformar las condiciones que hacen posible la violencia.

La oposición puede seguir intentando vender la narrativa de que “todos son iguales”. Pero la historia, los datos y la memoria colectiva dicen otra cosa. Y en política, como en seguridad, las falsas equivalencias no construyen nada: solo perpetúan el cinismo que tanto daño le ha hecho a este país.

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