Una ciudad no es una sola ciudad… contiene múltiples ciudades en sí misma… es un laberinto de posibilidades e historias… la ciudad es compleja… una noción incierta… casi una entelequia… una ciudad es una realidad y un invento… una ciudad es un manual abierto y, a la vez, un libro difícil de entender… una ciudad es un galimatías.
Una ciudad no es meramente arquitectura e historia… una ciudad no se queda en política e infamia… una ciudad se concentra en su gente… en sus esfuerzos y triunfos, pero sobre todo en su infortunio.
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Tal es la noción que deja la lectura de Bue, el libro más reciente de Martín Caparrós, quien ha hecho un extraordinario ejercicio que combina ficción con memoria y que fue escrito desde una prudente distancia, pues el hombre reside en España (afectado por el ELA) y ya no viaja como antes, aunque le queda detrás ese espíritu de trotamundos y un afán periodístico monumental.
Apenas poco tiempo después de haber publicado Antes que nada, unas extraordinarias memorias que le ayudan a exhibir una vida apasionante y no exenta de un gran compromiso socio-político, aparece una obra que funciona como una novela coral en la que se entrecruzan muchas líneas existenciales de: “vecinos, compatriotas, víctimas, verdugos, compañeros de esperanzas y de frustraciones”.
Si nos quedamos con que el uso de la palabra “atroz” se ajusta a algo extremadamente cruel y terrible, ni duda cabe que aplica para la sensación que deja un libro que si bien consigna algunos aciertos de parte de migrantes europeos que llegaron para labrarse una vida, al final lo que priva es que en el caos actual todo termina por derrumbarse, que mucha gente apenas si sobrevive y que la tragedia se encuentra a la vuelta de la esquina (y eso que se escribió antes de que Javier Milei llegara al poder -¡vaya tipo deleznable!-).
La ciudad a la que se refiere Caparrós va siendo entrevista -que no nombrada- y su esencia ha sido marcada por distintas formas de corrupción que han provenido de los militares, la clase política y terminaron por instalarse entre la misma gente, trazando estrategias para bancarse un poquito de futuro.
Sólo hacia el final se explicita que nos encontramos ante Buenos Aires, una ciudad fundada dos veces, a la que hora se acerca mediante la estructura de una exigente obra fragmentaria, sobre la que ha declarado: “Justamente en este libro he buscado una forma que pudiera transmitir mejor lo que yo quería contar y me pareció que el caos de la ciudad, la multiplicidad azarosa de la ciudad, necesitaba una estructura que fuera igualmente múltiple, azarosa, sorprendente a veces, desconcertante otras, no sé”.
Caparrós nació en Buenos Aires durante 1957, pero al día de hoy escribe a 30 km de Madrid, desde donde realizó un tremendo ejercicio memorioso de parte de alguien que conoce la esencia de sus compatriotas… tan es así que en una conversación con el periodista Juan Cruz se refirió a la esencia del libro: “Entrar en la Ciudad es entrar en la gente… Argentinos. Lo escribí fuera, pero es muy argentino… Cada vez que me imaginaba un personaje lo refería a personas que había podido cruzarme, o me los inventaba, pero eran siempre invenciones argentinas… Son inventos basados en gente que hay por ahí…”.
Al final, ahí está Bue, como una máquina narrativa polifónica… como un complejo engranaje literario… en su interior encontramos, una vez más, a un Martín Caparrós impecable e implacable… un fiero escritor empecinado en plasmar a la perfección la condición humana y sus múltiples dramas.
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