Hace cuarenta años, Javier Vasco Aguirre estaba también en la selección mexicana. En aquel entonces este estadio, ahora renombrado Ciudad de México, aún le llamaban Azteca y el hoy director técnico era un jugador recio. Por eso, sabe de qué habla cuando se refiere al peso de estar en un Mundial en casa y lo intimidante que resulta pararse en este escenario.
Este día de un debut victorioso sobre Sudáfrica (2-0), sonríe con el evidente alivio de quien se desprende de un pendiente que le quitaba el sueño. No ha sido como pudo ser, pero es bueno, dice con visible satisfacción.
“Fuimos muy superiores en el juego, pero el marcador no lo refleja”, comenta el Vasco y considera que al menos debieron terminar con cuatro goles en su cuenta. “El segundo gol nos relajó, no fuimos verticales, es una inauguración, se entiende que eso tiene un peso, pero pudimos hacer más”.
Sin ánimo de justificar esa distensión de sus jugadores, Aguirre explica que notó que la responsabilidad de hoy pegó en la confianza de algunos de sus jóvenes seleccionados. Desde que se dirigían al estadio y en el trayecto la gente salía a alentarlos y eso puede impresionar.
“En el trayecto empiezas a ver a la gente, eso es muy fuerte, y tiene un impacto en lo emocional”, se sincera; “estar ahí dentro de la cancha en un Mundial en casa no es fácil. Les pesó el escenario, esa es la verdad; no a todos, pero sí tuvo un impacto”.
Incluso compartió que antes de este día su equipo no había padecido calambres, pero esta tarde tres de sus muchachos sufrieron esos malestares.
Aguirre, entrenador de la selección en tres Copas del Mundo, tiene los recuerdos frescos de 1986 cuando fue jugador del tricolor. En este Mundial -dice- todo es varias veces más grande que cuando le tocó vestir la camiseta verde. Eso -agrega- también le tranquiliza: sus jugadores más jóvenes ahora debutaron en un Mundial en casa, con las dimensiones que ahora tiene el campeonato de la FIFA, y eso los ha curtido.
“No es lo mismo abrir un Mundial en tu casa, ya lo vivieron, y ahora debo cambiarles el discurso”, dice con un soplo de tranquilidad.
“Yo les pedí que se aislaran del entorno, que no oyeran lo que pasaba alrededor”, cuenta.
“Si hay silbidos, es obligación de los jugadores que no los perturbe, pero después de siete inauguraciones mundialistas en los que no pudimos ganar, y haberlo conseguido, bueno, alguna palomita tenemos ahora”.
Y sobre la exigencia de la afición, que por momentos los abucheó ante lo que parecía una inminente goleada contra Sudáfrica, pero que no se concretó, el Vasco admite que cuando se presentan estas oportunidades, el público tiene razón de reclamar.
“La gente tiene derecho a abuchear”, dice una vez más; “se hubiera ido contenta con un 4-0. Pero después de nuestro debut estamos con tres puntos y, eso, está bien”.
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