La guerra no es de balazos, es comercial

Jorge González Correa

La guerra no es de balazos, es comercial

SIN PROTOCOLO

Jorge G. Correa
Enero 15, 2026

Mientras en el metaverso de la oposición algunos rezan por una invasión estadounidense que quite a Morena del poder —porque electoralmente no se ve cómo puedan hacer frente a la popularidad de la presidenta y de su movimiento—, en Palacio Nacional tienen claro algo distinto: con Donald Trump la guerra no es militar, es comercial.

Durante su reciente visita a una planta de Ford, Trump declaró que el T-MEC es irrelevante y que ya no es necesario para su país. Lo dijo sin rodeos:

“Quiero que a Canadá y México les vaya bien, pero el problema es que no necesitamos sus productos. No necesitamos autos fabricados en Canadá, no necesitamos autos fabricados en México. Queremos fabricarlos aquí”.

El discurso suena firme, pero la realidad económica va por otro lado. Detroit ha perdido alrededor de 25 mil millones de dólares desde que Trump impulsó aranceles y rompió cadenas de suministro al atacar a sus propios aliados comerciales. La supuesta defensa de la industria nacional terminó golpeando al corazón del sector automotriz estadounidense.

Hoy, el orgullo automotriz gringo enfrenta una producción más cara. Ford y General Motors han tenido que pagar más por piezas y componentes clave que provienen de México. El impacto no se quedó en las grandes armadoras: también golpeó a proveedores medianos y pequeños, muchos ubicados en Ohio, Indiana y otros estados industriales, varios de ellos gobernados por republicanos. La cancelación de pedidos elevó el riesgo de cierres y pérdida de empleos en esas regiones.

Aun así, la retórica desde la Casa Blanca insiste en dinamitar el acuerdo económico que hoy funciona como un contrapeso real frente a la economía china, restándole competitividad a toda la región de América del Norte. En Palacio Nacional saben que eso sería un harakiri económico regional, por lo que el gobierno mexicano ya se prepara para una negociación dura, técnica y prolongada.

Especialistas coinciden en que el escenario más probable no es la desaparición abrupta del T-MEC, sino su transformación: el fin del acuerdo trilateral y el tránsito hacia acuerdos bilaterales, donde México tendrá que pelear cada punto para conservar la fortaleza de su economía y su papel estratégico en la región.

En este contexto, México necesita algo más que discursos. Necesita unidad, pero también exigencia. Apoyar al gobierno no implica aplaudirlo todo, sino empujarlo a encontrar una salida razonable frente a una contraparte que, claramente, no lo es. Y en los estados, el reto es todavía más concreto: trabajar para ser más atractivos a la inversión, fortalecer infraestructura, logística y capital humano, en lugar de llenar páginas con desplegados de respaldo político.

Eso ayudaría más al país. Lo demás, por ahora, es ruido.

Sigue nuestro CANAL ¡La Jornada Hidalgo está en WhatsApp! Únete y recibe la información más relevante del día en tu dispositivo móvil.

acf