La Jornada Columna

Intolerancia de la tolerancia

Paradojas

Redacción
Mayo 27, 2026

Una de las ideas más fecundas sobre las sociedades abiertas, que posee una gran fuerza moral pero una enorme fragilidad política, es que la tolerancia reconoce que cada conciencia es soberana. En la tradición liberal de John Locke, la tolerancia no es indiferencia sino un límite al poder: nadie tiene derecho a imponer por la fuerza sus creencias. John Stuart Mill, en el límite del liberalismo, profundiza la idea de que permitir la diversidad de opiniones no solo respeta a las personas, sino que acerca a la verdad, porque el error obliga a justificar mejor lo verdadero. 

Karl Popper, figura central del siglo XX por su compromiso intelectual con las sociedades abiertas, hizo de la tolerancia un concepto más fecundo, al advertir que si la sociedad es tolerante incluso con aquellos que no lo son, éstos se impondrán y la propia tolerancia sería destruida. Articulada esta paradoja en La Sociedad Abierta y sus Enemigos (1945), Popper advirtió que, si no nos hayamos preparados para defender a la sociedad tolerante contra los intolerantes, el resultado esperado será la ruina de los tolerantes.

Popper agregó que la tolerancia no puede ser absoluta, sino que necesita límites.  Su advertencia surge de la preocupación por asegurar las condiciones de la libertad, a partir del principio de que una sociedad libre se sostiene en la coexistencia de diferentes visiones del mundo y porque la diversidad es un bien, no un problema. En efecto, la historia muestra que sin tolerancia cualquier diferencia ideológica, política o cultural termina en exclusión o violencia, porque genera persecuciones, guerras religiosas y autoritarismo. Si la tolerancia es una condición de vida en común, su esencia no es permitirlo todo, sino hacer posible la libertad mutua.

Karl Popper formula esta famosa paradoja con la advertencia de que la tolerancia es frágil y políticamente insuficiente, porque no contiene en sí misma los mecanismos para defenderse de quienes la niegan. Cuando la tolerancia se traslada al plano político aparece su debilidad, porque la política no es solo convivencia sino poder y conflicto. La condición de la tolerancia se manifiesta en una relación asimétrica, donde solo los tolerantes se imponen límites. Esto genera desigualdad: los tolerantes juegan con reglas, los otros no.

Así, la intolerancia es políticamente eficaz pero moralmente injustificable; en cambio, la tolerancia puede ser moralmente admirable pero políticamente suicida.

Por: Luis Ángeles

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