Todos aquellos que dedicamos parte de nuestra vida a la educación, sobemos, que educamos para garantizar la supervivencia, adaptación y desarrollo pleno de las personas, permitiéndoles gestionar emociones, aprender a convivir y transformar su entorno. Educamos para formar individuos curiosos, críticos y creativos, capaces de desenvolverse en un mundo complejo y cambiante, fomentando valores y habilidades para una vida digna. Por eso nos importa que los alumnos se queden en las aulas.
Según se data, los primeros estudios orientados para explicar las causas del abandono escolar en educación superior, se centraron en analizar y estudiar los rasgos y personalidad de los estudiantes y el grado de intencionalidad para alcanzar una meta, dando origen al enfoque psicológico. Dicho modelo manifestaba que las creencias y actitudes de un individuo influyen de forma directa en la intención de desertar o continuar. En el mismo sentido, Ethington incorporó en el modelo el estudio de conductas de logro estudiantil relacionadas con la persistencia, selección y el desempeño académico, planteando que el rendimiento académico previo y antecedentes familiares, influyen de manera directa sobre el autoconcepto académico y la percepción que se tiene de la dificultad de los estudios y sobre las metas, valores y expectativas de éxito.
Después, según las tendencias de estudio, a la perspectiva psicológica se sumó la sociológica que explica la deserción a partir de la carencia que tiene el estudiante para interactuar con el ambiente universitario. En este modelo se consideraron como variables de análisis en la retención estudiantil, el contexto familiar, el desarrollo intelectual y el apoyo de pares como medio de integración social que impacta de forma directa en la satisfacción y el compromiso institucional.
Otro enfoque del tema de estudio es el económico, en él se efectúa un análisis sobre el costo-beneficio que el estudiante considera para permanecer en un programa educativo. Por consiguiente, los programas de retención que consideran este enfoque, facilitan subsidios, becas y financiación dirigidos en particular a la población económicamente más vulnerable.
Para Terraza- Beleño “el estudio de la deserción desde el punto de vista organizacional, analiza la deserción a partir de las características institucionales, al tener en cuenta los servicios que ofrece la institución a sus estudiantes. En este modelo se contemplan variables como: calidad de los docentes, expectativas de los estudiantes en el aula, salud, deportes, cultura y asociaciones de egresados, disponibilidad de los recursos bibliográficos, laboratorios e indicadores como el número de alumnos por docente.
A todo estos esquemas, debemos de sumar el que hasta la fecha es el modelo de mayor reconocimiento en el estudio de la temática de deserción y retención estudiantil universitaria, que se refiere al enfoque interaccionista, el cual se centra en dos aspectos claves del devenir universitario: la integración académica y la integración social del estudiante, sin duda, este enfoque que contempla al problema de una manera holística considerando a todas las actividades del estudiante, la institución y la sociedad como una suma que contribuye a la construcción de una totalidad mayor a la suma de sus partes.
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