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Entre el caos y la negligencia: Lo que el caso de Deysi revela sobre México

Hace algunos días circuló en las noticias nacionales la historia de Deysi, que nos causó alarma e indignación profunda.

Ninde MolRe
Enero 14, 2026

Hace algunos días circuló en las noticias nacionales la historia de Deysi, que nos causó alarma e indignación profunda.

Me es difícil empezar con la historia, porque con el paso de los días y las horas, se produjo tal nivel de desinformación, alguna vinculada a autoridades como la Fiscalía General de Justicia de Chiapas, que hace muy complejo contar quién es. Las primeras notas decían que era una niña de 10 años, luego fueron aumentando la edad, 11,13 o 14. Al parecer ya hay un consenso en qué tiene 13 años. Es decir, no teníamos claro si era niña o adolescente, lo cual sí es importante porque las niñas, niños y adolescentes ejercen una autonomía progresiva y de acuerdo al momento en que se encuentren, el Estado tiene que ejercer más acciones para garantizar su absoluta protección.

Deysi, parió y se encontraba, junto al bebé, grave en el hospital. De acuerdo a las primeras notas, quien la llevó al hospital era un adulto de 18 años, que luego también cambió la edad a 17, que se presentó como su esposo.

Todo este caos ha servido para visibilizar una serie de problemáticas sociales en las que las niñas y adolescentes de nuestro país se encuentran.

Por un lado, es importante diferenciar entre embarazo infantil y adolescente; pues considerar como niñe a una persona hasta los 18 años borra su proceso de libertad, agencia y autonomía que se atraviesa. Lo que no permite desarrollar estrategias para la prevención de las violencias que se pueden experimentar en dichas etapas de la vida.

Por ejemplo, todo embarazo infantil es producto de la violencia sexual y por tanto debe ser tratado bajo el protocolo de NOM 046 en el que se contempla el aborto sin plazos no requisitos. Si Deysi tenía 10 u 11 años, el estado le falló al no ofrecer este servicio y además, no actuar durante toda la gestación para sacarla de la situación de violencia que vivía con una persona.

En los casos del embarazo adolecente, algunos también son producto de la violencia sexual, pero otros son la consecuencia de la deficiente educación sexual que se recibe en México. Les adolescentes tienen derecho a disfrutar y explorar su sexualidad, con otres adolescentes y tienen derecho a recibir información y servicios de salud que no les pongan en riesgo.

Otra cosa es que tanto el embarazo infantil como adolescente son considerados de alto riesgo para la salud, tanto física, mental y psicosocial, que deja secuelas para toda la vida. Por ello, otra vez, el acceso a metodos antifecundativos como al aborto son necesarios.

También causó indignación el tema del presunto matrimonio que Deysi vivía. En México está prohibido en el ámbito civil el matrimonio infantil y adolecente y en todas legislaciones se criminaliza a personas adultas por tener relaciones con niñas, niños y adolecentes. Es muy probable que Deysi no estaba legalmente casada, sino que a lo mejor el matrimonio se dió por algún ritual o como en la mayoría de los casos sucede, simplemente empezaron a cohabitar como pareja.

Esto evidencia que la criminalización no es la solución a estás problemáticas sociales que se presentan tanto en zonas rurales como urbanas, pues hay que recordar que toda una sociedad válida está relacionada.

Deysi y el bebé, merecen toda la protección del estado, una reparación integral del daño que les permita un desarrollo adecuado y una vida digna. Se necesita esclarecer los hechos y más aún, es urgente, urgente que haya una sanción a las autoridades que fueron negligentes y omisas en sus responsabilidades institucionales, porque allá afuera hay otras niñas y adolescentes en la misma situación y algunas están aquí en nuestro estado.