Enrique Rivas columna Vozquetinta

Enrique Rivas

En modo Mundial

Vozquetina

Enrique Rivas Paniagua
Junio 14, 2026

¿Por dónde empezar? No tengo de otra: por el agobio. La futbolitis expande y condiciona mi agenda de asuntos tratables en esta columna; pero entre tanto enfoque disponible, es difícil seleccionar sólo uno. ¿El deporte mismo? ¿Su insolente, impune mercantilización? ¿El mal manejo político del fenómeno? ¿La protesta social que lo aprovecha para manifestarse, alzar más la voz y visibilizarse ante el mundo? ¿El impacto que produce un partido futbolero en la psique individual y colectiva? ¿Las reacciones que el acontecimiento mundialista suscita en redes y medios de comunicación?…

La FIFA da muchísima tela que cortar al respecto, porque nos impuso no sólo reglas y logística sino sus patentes de corso. Sin embargo, me detiene el riesgo de llamar aquí a este campeonato mundial con un nombre tan inocente como el de México seguido del año 2026, so pena de tener después que pagarle derechos de autor a la susomentada dueña de la pelota, monopolizadora hasta de la nomenclatura del encuentro. Lástima, porque habría yo utilizado este espacio para hablar también de lo estratosférico que la tal FIFA puso al futbol (presencial y televisivo) en el bolsillo de la gente, volviéndolo un espectáculo elitista.

Otro asunto filoso sería el de la urbe anfitriona, vista desde dos contextos. Uno, el de la ciudad del todo al cuarto para las doce, de los parches puestos a la pisa y corre, de las obras inconclusas o terminadas al ahisevá, de la infraestructura de relumbrón, de la ajolotización mientras colapsan los servicios básicos. Dos, el de la metrópoli en vilo, de las vallas aislantes, de las calles bloqueadas, de los campamentos eternizados, del encapsulado estadio Azteca (¡al carajo eso de nombrarlo estadio Banorte o estadio Ciudad de México!). Historias de caos, anarquía, vandalización, violencia, inseguridad. Aristas que no me alcanzaría una cuartilla y media de texto para aplicarles la lupa y menos el bisturí.

Está el tema de la ambigüedad de haber decretado a última hora que el 11 de junio sería día libre (ad libitum, a fin de cuentas, porque obligatorio no fue). O el de los FanFest en territorios partidistas chilangos. O el de la súbita orden de cancelación de trasmisiones del primer partido en plazas provincianas que no hubieran pagado derechos a la FIFA. O el de la ausencia del poder Ejecutivo federal en la ceremonia de inauguración. O el de la irritación ciudadana que el balompié apenas consigue adormilar por unas horas. O el de los festejos triunfalistas en el Ángel de la Independencia como válvula de escape frente al hartazgo social. O el de… ¡Cuántos tópicos y yo sin brújula!

Me siento sobreinformado. El bombardeo informativo terminó por hacerme incapaz de asimilar tanto evento. De ahí, repito, el agobio que hoy me trajo por la calle de la amargura ante la computadora. Pero bueno, ya habrá ocasión de no volver a ser tan errático al momento de elegir un contenido. Y ojalá que para entonces la FIFA no me haya sacado tarjeta roja y enviado a las regaderas por ventanearla como autócrata e imperialista del futbol. Al cabo que, parafraseando al inolvidable cronista deportivo Fernando Marcos, el último minuto de juego también tiene sesenta segundos… de inspiración.

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